El concejal de Bogotá, Juan David Quintero, denuncia que el proyecto de APP El Campín ha sido convertido en un negocio especulativo en el cual los únicos beneficiados han sido los desarrolladores originales del proyecto mediante la venta de las acciones (cash-out) y la explotación económica de este bien público, mientras que la Alcaldía de Bogotá anuncia con bombos, platillos y renders una nueva modificación en las fechas de entrega del proyecto y en beneficio de SENCIA.

Bogotá, octubre de 2026. News Press Service. El concejal, cuestiona que, pese a los anuncios, persisten serias dudas respecto a la estructuración del proyecto -el cual ya fue modificado en su totalidad varias veces-, la obtención de la financiación, la ausencia de definición del Plan de Manejo de Tránsito, la incertidumbre sobre la solución definitiva de movilidad propuesta para las zonas aledañas al El Campín y las obras complementarias que fueron contractualmente asignadas al Distrito de Bogotá.
Se anuncia debate de control político y denuncias a los órganos de control competentes en relación con los funcionarios de la Alcaldía de Claudia López que aprobaron originalmente la APP de El Campín.
El pecado original: Desarrolladores expertos en especulación financiera pero no comprometidos con El Campín ni con la ciudad
El concejal Quintero cuestiona que los desarrolladores originales del proyecto, agrupados actualmente en la firma SENCIA, se han enfocado en lucrarse de la adjudicación de este proyecto a finales del año 2023, sin haber logrado cumplirle a Bogotá ni a los ciudadanos.
Considera que existen serias dudas respecto de la idoneidad del grupo originador para desarrollar una obra de infraestructura de este talante y resalta que no se conoce que dicho grupo originador hubiese tenido experiencia seria y acreditada en obras de infraestructura en general y, particularmente, en obras de infraestructura de entretenimiento:
“La improvisación que hemos visto luego de la adjudicación del proyecto, con la modificación total del perfil de ingeniería mediante el otrosí No. 1 del 21 de julio de 2025 y los múltiples anuncios y renders, es una muestra clara de esa falta de experiencia y de la improvisación del grupo originador”, aduce el Concejal.
Sin embargo, los desarrolladores originales de SENCIA han venido gozando de los beneficios de la explotación económica de El Campín desde el 29 de octubre de 2024, sin que hasta la fecha los ciudadanos veamos una intervención real.
Por otra parte, el concejal Quintero cuestionó que no solamente los accionistas de SENCIA han gozado de la explotación económica de El Campín desde el 29 de octubre de 2024, sino que además recibieron grandes sumas por la venta de las acciones de la sociedad concesionaria en febrero de 2026 a Corficolombiana, una operación que en la jerga de las operaciones de fusiones y adquisiciones se conoce como “cash-out”. Es decir, mientras que el activo público sigue esperando una intervención real, los desarrolladores originales ya obtuvieron recursos derivados de la operación de cash-out al vender una parte de su participación en el proyecto.
Así las cosas, el resumen de esta historia podría ser el siguiente:
“Los ciudadanos no recibimos sino anuncios, mientras que los originadores obtienen rentas fruto de la especulación que realizaron sobre un activo público de la ciudad. En paralelo, ejecutan un contrato de concesión mal concebido por ellos mismos desde el inicio, esperando, como ha sucedido y con total improvisación, que los problemas se resuelvan “en la marcha”.
Y agregó: “Esto mientras hacen cash out mediante la venta de las acciones de una sociedad que supuestamente debía construir un proyecto de infraestructura pública de absoluta importancia para el alma de Bogotá y no presentar renders para potenciales inversionistas”
Por ello, el Concejal solicitó precisar cuánto corresponde a operaciones entre accionistas y cuánto representa recursos nuevos destinados efectivamente a la construcción.
“La pregunta es elemental: ¿cómo es posible que los especuladores dueños originales de SENCIA puedan pagar salarios, explotar económicamente El Campín y obtener un cash out por la venta de sus acciones, mientras Bogotá, que es la ciudad titular del activo público, no ha recibido ninguna utilidad práctica? Si el negocio ya produce ingresos para sus privados, ¿Dónde está el beneficio para la ciudad mediante el goce del nuevo estadio? Bogotá no puede limitarse a poner el activo, asumir las cargas públicas y recibir a cambio promesas, renders y nuevas fechas de entrega”, concluyó.
¿Qué pasó con el cierre financiero y cuáles son los recursos reales del proyecto?
El concejal cuestionó que el cierre financiero contractual pudiera acreditarse mediante un crédito preaprobado y señaló que, según la información oficial disponible en SECOP, no se encuentra evidencia suficiente de la suscripción de contratos de préstamo suscritos con los financiadores.
“En la información oficial que tenemos no existe evidencia del cierre financiero, entendido como la firma de contratos de crédito. Lo que sí se evidencia es la entrega de unas cartas de crédito pre-aprobadas y que el Distrito ha prorrogado los plazos contractuales para presentar los contratos de préstamo, incluso, aduciendo errores de transcripción que resultan, cuando menos, “llamativos”, afirmó.
Quintero pidió conocer los compromisos de crédito, sus montos, condiciones y respaldo contractual.
Lo que le presentan a los medios: tres cambios en la fecha de entrega del estadio y 15,5 meses adicionales de plazo
El cronograma del proyecto también genera cuestionamientos. Quintero señaló que la fecha de entrega pasó por diferentes escenarios: inicialmente se habló de 2029, posteriormente la Administración de Carlos Fernando Galán planteó 2027 y ahora se proyecta 2028.
“Cuesta mucho trabajo creerle a Mauricio Hoyos, portavoz de SENCIA. Hay que recordarle que la construcción del Campín es la construcción de un activo público y que, en últimas, es un contrato estatal. No hay lugar para las medianas verdades ni para la especulación. Es muy improbable que un estadio de 60.000 sillas se construya en dos años y esté listo en 2028”, sostuvo.

Los mismos renders, no se sabe quiénes son los contratistas y las obras que todavía generan dudas
Quintero adicionalmente cuestionó que, después de varias presentaciones públicas y cuatro ruedas de prensa en las que se mostró el proyecto, todavía existan interrogantes sobre la infraestructura esencial para su funcionamiento.
El contrato contempla “obras complementarias” a cargo de la ciudad que, según el concejal, todavía debe establecerse con claridad cuáles son, qué entidad distrital las ejecuta, cuánto cuestan y cuáles son los recursos disponibles para ello.
Entre los puntos señalados están las intervenciones relacionadas con la calle 53B, la definición del Plan de Manejo de Tránsito y la solución definitiva de movilidad para los nuevos flujos de espectadores, visitantes y maquinaria que traerá la operación del viejo estadio, a la par de que se construye el nuevo.
“Tampoco es novedoso que ahora están presentando a un nuevo contratista que va a construir el estadio, en este caso uno chino, uno español, etc. Hace un tiempo ya habían presentado a unos ingleses como socios y realmente eran constructores. Ya van cuatro ruedas de prensa, en dos años, presentando el mismo render de un estadio que aún no inicia”, aseguró.
Quintero respalda el nuevo estadio, pero exige garantías para Bogotá
El concejal aclaró que su cuestionamiento no busca impedir la construcción del nuevo estadio. Por el contrario, afirmó que respalda las alianzas público-privadas y el papel de los empresarios en el desarrollo de Bogotá como capital cultural y del entretenimiento.
“Yo quiero que se haga el nuevo estadio. Defiendo a los empresarios berracos y creo que Bogotá debe ser una gran metrópoli de la cultura y el entretenimiento. Pero tenemos que empezar a exigir seriedad y rigurosidad a este contratista”, manifestó.
Quintero sostuvo que ese respaldo exige garantías suficientes para ejecutar una obra sobre un activo público y reclamó una firma con capacidad constructora y experiencia en el desarrollo de APPs, no únicamente una firma dedicada a la promoción de eventos y a la especulación financiera con activos públicos.
Dos alternativas: Corficolombiana asume el proyecto o Bogotá recupera El Campín y “despide” a SENCIA
Ante las dudas planteadas, Quintero anunció que llevará el caso al Concejo de Bogotá mediante un debate de control político y pidió a los organismos de control (Veeduría Distrital, Contraloría de Bogotá y Personería Distrital), revisar el contrato y sus modificaciones.
“Solo nos quedan dos alternativas y eso es lo que vamos a pedir en el Concejo de la ciudad. Queremos nuestro estadio: O este contrato lo asume Corficolombiana, que es socio del proyecto, y con su liderazgo saca adelante esta obra o se obliga a que SENCIA lo devuelve al Distrito para que se haga una estructuración seria, con firmas expertas en infraestructura del entretenimiento”, dijo.
Finalmente, Quintero resaltó que el proyecto fue originalmente concebido y aprobado en la administración de Claudia López y que tiene errores estructurales gravísimos, como pretender construir y operar en una misma infraestructura.
“Ese proyecto nunca se debió haber aprobado y aquí hay que establecer las responsabilidades políticas y disciplinarias del caso”.
Anunció que se harán los traslados a las autoridades competentes y finalmente concluyó:
“Queremos el mejor estadio para Bogotá, uno para la ciudad en la que nos soñamos vivir”.
