Recuperamos unas declaraciones del Premio Nobel portugués, José Saramago, en las que pone en valor la fuerza de las lenguas de la península.

News Press Service
ELLE
José Saramago (1922-2010) es, para muchos, el nombre más importante de las letras lusas del siglo XX. Fue el primer autor en lengua portuguesa en llevarse el Premio Nobel de Literatura, que recibió en 1998 por tener una obra literaria que, según la Academia Sueca, permitía comprender la realidad gracias a “parábolas sostenidas por la imaginación, la compasión y la ironía”.
Es cierto que Saramago consiguió construir una obra muy personal a medio camino entre la crítica social y la reflexión, pero siempre con una imaginación desbordante.
Su estilo de largas frases y poca puntuación marcó época y nos dejó novelas tan maravillosas como ‘El evangelio según Jesucristo’ o ‘Ensayo sobre la ceguera’, considerada su obra maestra.

José Saramago, en Lanzarote en 2002.
Saramago ha sido un autor fundamental en la literatura europea del último medio siglo y, sin embargo, él nunca estuvo muy de acuerdo en la idea de una cultura europea, como avanzó en una entrevista en 1988, concedida a Pilar Trenas en el programa ‘Muy personal’ para presentar su libro ‘La balsa de piedra’.El escritor, cuya primera novela fue ‘Tierra de pecado’ (1947), explicó en esa entrevista que no entendía que se pudiera hablar de una cultura europea porque cada país tenía su peculiaridad: porque “un italiano no es lo mismo que un sueco ni un inglés ni un francés culturalmente hablando”, aclaró.
Para Saramago, el conocimiento de las culturas ibéricas, exceptuando grandes nombres como Cervantes o Pessoa, “no han interesado a Europa hasta ahora”.
El Premio Nobel de Literatura 1998 señaló que, más que a los europeos, los íberos tendríamos que sentirnos más próximos a los latinoamericanos, “desde el Río Grande hasta la Patagonia”, por su cultura, forma de pensar e idioma.
Pero quiso hacer una importante matización: “Para allí hemos llevado, para bien o para mal, muchas cosas”, aseveró.
Y continuó: “Sabemos que tanto portugueses como españoles hemos cometido muchos crímenes en Latinoamérica pero aún así hemos dejado una cultura y una lengua». Saramago consideró que, a pesar de todo, este es “el campo privilegiado para el diálogo en los países de la península ibérica”.
Nacido en una familia de campesinos humildes, José Saramago no pudo acceder a estudios universitarios y trabajó durante años como cerrajero mecánico, funcionario y periodista antes de dedicarse por completo a la literatura.
Analizando temas como el poder, la libertad, la muerte y la condición humana, tuvo que esperar a los años 80 para convertirse en uno de los grandes nombres de las letras europeas.
Comprometido políticamente, fue miembro del Partido Comunista Portugués y nunca ocultó sus posiciones críticas frente al autoritarismo, el capitalismo o las instituciones religiosas.
Su literatura ha sido muy influyente en su generación y en posteriores; por ejemplo, David Uclés, premio Nadal y autor de ‘La península de las casas vacías’, uno de sus grandes admiradores, lleva tatuada su firma en un brazo.
