El matemático y filósofo dividió la vida humana por veintenas de años para hacer una analogía ligada a las estaciones del año.

News Press Service
CUERPOMENTE
Somos uno con la naturaleza. Los seres vivos formamos parte de los ciclos de la vida asociados a la Tierra. El planeta tiene sus biorritmos y, si estamos en armonía con él, nos sincronizamos. Alejarnos de ese ritmo natural al que estamos conectados desde el nacimiento como si se tratara de un cordón umbilical, nos puede acarrear problemas de salud como insomnio o dolores de cabeza.
El historiador griego Diógenes Laercio recoge en sus textos sobre la antigüedad clásica la división que el filósofo y matemático Pitágoras hacía de la vida en ciclos de veinte años: «Eres 20 años niño, 20 años joven, 20 años hombre maduro y veinte años anciano. Cuatro etapas que corresponden a las cuatro estaciones».

iStock Photo.Klebercordeiro
El matemático, que da nombre al popular teorema de Pitágoras, que trata sobre los triángulos y las hipotenusas, divide la vida humana en veintenas asociadas con las cuatro estaciones. Como buen hombre de ciencia y conocedor de los números, desarrolló esa fórmula para calcular las fases vitales humanas.
La vida de veinte en veinte
Pitágoras considera que la niñez se desarrolla en los primeros veinte años de vida. Se corresponde, según el pensador griego, con la primavera, que es cuando las semillas se desarrollan y todo reverdece tras el invierno.
El pensador griego estuvo comprometido con la educación, que fundó su propia escuela, denominada pitagórica, señaló la analogía entre los niños y el despertar de la naturaleza. Comparó a las personas de menos de veinte años con la explosión de vida que se produce en la denominada estación de las flores.
Siguiendo con la analogía del matemático, tras los veinte primeros años de vida y hasta los cuarenta, llega la adolescencia y la juventud, que asoció al verano, porque es un momento en que se cuenta con gran energía vital.
De los cuarenta a los sesenta años, Pitágoras, se refiere al ciclo de la madurez, que correspondería al otoño, como el momento de cosechar y recoger los frutos de la experiencia. Para la última parte de la vida, de los sesenta en adelante, la comparación del griego nacido en la isla de Samos, se centraba en la estación invernal, como el símbolo de la sabiduría y la paz adquiridas en el declive vital.

Unsplash
Los números para entender la existencia
La idea central del pensamiento pitagórico es que los números son la base de todo lo existente. Pero intentar contener la vida humana en ciclos cerrados, puede resultar demasiado simplista, ya que cada persona es diferente y madura a un ritmo.
Pitágoras fue un pionero de la espiritualidad, en cuanto a que consideraba la dimensión trascendente de la existencia, como por ejemplo la reencarnación. Se le puede considerar también como uno de los primeros medioambientalistas de la humanidad, que practicó el vegetarianismo.
ambiar el clima con un botón
Cada vez nos sentimos más desconectados de los biorritmosnaturales, como las estaciones o los ciclos solares y lunares. Vivimos en espacios con luz artificial. Cuando es de noche, podemos seguir con nuestra actividad con tan solo pulsar un interruptor.
Manejamos incluso el clima. Cuando hace frío, subimos el termostato y tenemos temperatura primaveral y con el calor, solo hay que ajustar el aire acondicionado para regresar a la estación otoñal en tan solo unos segundos.

Cada vez nos sentimos más desconectados de los biorritmosnaturales, como las estaciones o los ciclos solares y lunares.
Getty Images
Lo artificial ha ganado terreno a lo natural. Aunque, hoy por hoy, hay corrientes que preconizan el alejamiento de los artificios para estar lo más posible en contacto con la naturaleza.
Sintonizarse con los procesos de cambio del planeta, como en el caso de las estaciones anuales (si se vive en un lugar donde existen), regula nuestro cuerpo al ajustarse al ritmo planetario. Como en el caso de cuando pasamos más tiempo en el exterior al llegar la primavera, para aprovechar la energía solar tras el invierno.
La relatividad de la edad humana
Las vivencias humanas con respecto al paso del tiempo también han cambiado. Hoy por hoy, no es lo mismo tener veinte años que hace siglos. Un joven en la actualidad no tiene las mismas vivencias que uno durante la Edad Media. De entrada, las personas ahora son más longevas y por lo tanto, suelen madurar más tarde.
Hace siglos había menos esperanza de vida. Si nos trasladamos ocho siglos atrás, una persona con treinta años equivalía a una de sesenta, porque la calidad de vida era inferior y no se disfrutaban de los avances médicos actuales.
Los tiempos cambian
El siglo XXI es el de la longevidad. Ya no se considera difícil llegar a los noventa años de edad. La calidad de vida ha mejorado considerablemente, por lo menos en los denominados países desarrollados. Nuestros hijos tienen abuelos nonagerarios. Ven como algo natural llegar a esa edad avanzada y seguramente ellos también serán longevos.
Si Pitágoras viviera en la actualidad, es posible que reconsiderara su reflexión sobre la división de los ciclos humanos por veintenas. Cuando comprobara que los jóvenes vuelan del nido de los padres mucho más tarde o que cada vez hay más personas que alcanzan los cien años, reprogramaría su cálculo. Quizás aumentara en diez años las categorías que estableció allá por el siglo VI a.C. Y es que, los tiempos cambian y con ellos el concepto de la edad.
