
Bogotá, octubre de 2026. News Press Service. Abelardo de la Espriella dice que no le teme a la tormenta. Esta semana que pasó, el mandatario-que va a ajustar apenas tres meses en el poder-, atravesó una crisis política que su gente cercana no se atreve a nombrar como tal: dicen bajo reserva que es “lo normal en el servicio público” y que “no hubo nada de fondo diferente a lo que se vio en público: ausencia de resultados en las misiones claves de la agenda. Nada más, nada menos”.
Las fuentes se refieren a la intempestiva salida de Rodrigo Lara como ministro del Interior y del anuncio de su reemplazo, el exprocurador Alejandro Ordóñez, quien es de la entraña ideológica de la “Patria Milagro”. La movida revela el estilo, las tensiones internas y la pugna de poder en este nuevo gobierno más allá del cambio prematuro de un ministro del gabinete.
Según conoció EL COLOMBIANO, la salida de Lara se cocinó desde antes del hundimiento, por un error de trámite, del Presupuesto General de la Nación (PGN) para 2027, en el que el funcionario tenía resorte como ministro de la política, pero no era su principal responsable; no por nada este viernes terminaron saliendo funcionarios del Ministerio de Hacienda dedicados al trámite legislativo.
Desde el fin de semana pasado se oía en los pasillos del poder que personas cercanas al mandatario estaban incómodos con Lara y que querían su salida.
Era alto el escepticismo frente a ese escenario porque esa cartera tenía, precisamente, un pulso clave con la aprobación del presupuesto.

En concreto, fuentes cercanas a Lara señalaban a Carlos Suárez, asesor de confianza de De la Espriella y presidente de la junta directiva de Ecopetrol, como uno de los “duros” del Gobierno que querían un relevo en MinInterior.
Lara alegaba independencia en su cartera y siempre se definió como un “liberal clásico” que le daba cierto pluralismo al gabinete. El presidente De la Espriella no tomó la decisión de su salida con la cabeza caliente, dice un funcionario cercano que prefiere no revelar su identidad, sino que él mismo quiso corroborar las quejas.
El jueves 15 de octubre visitó el Edificio La Giralda, sede del Ministerio del Interior, y habló con sus funcionarios. En palabras de esa cartera, Abelardo “saludó a nuestros funcionarios y reafirmó el rumbo: conocer el estado de verdad, cero politiquería y cero corrupción”.
La visita no alejó la molestia del presidente sobre la permanencia de exfuncionarios del petrismo en su ministerio, y el contrato de un exmagistrado del CNE, Altus Baquero, que se revocó de inmediato por orden presidencial.
Pero no fue lo único: Lara cayó con resultados mezclados. El 20 de julio, antes de asumir, no logró los apoyos para el candidato que quería De la Espriella en la presidencia del Senado, Alfredo Deluque, y uribismo, petrismo y “disidentes” de varios partidos se unieron para elegir a Honorio Henríquez. Se le reprochó un tono impositivo y fuentes dicen que hubo gritos con senadores oficialistas el día de elegir a los magistrados del CNE; aun así consiguió un puesto para Salvación Nacional y frenó el intento del Pacto de quedarse con tres magistrados.
Lara, además, trajo de vuelta a los liberales a una sesión que habían abandonado en protesta-cuyos detalles reveló este diario-y tenía casi lista la ley de sometimiento en sintonía con el ministro de Justicia, Iván Cancino, amigo personal de De La Espriella. Algunos congresistas decían que no llegaría a comer buñuelos; aun así, daba resultados, pero no cedía como otros ministros del gabinete.
Incluso, no se le vio en los eventos recientes junto al presidente en distintas regiones del país. Y era de los pocos, junto a Cancino, que daba declaraciones a medios sin pedir permiso, como deben hacer todos los altos funcionarios del Ejecutivo, según directriz presidencial.
Con este telón de fondo, llegó el comienzo del fin: Lara fue llamado a Palacio en la noche del miércoles 21 y ahí fue informado por un tercero, no directamente por el jefe de Estado, que agradecían su trabajo, pero que su tiempo como ministro en una de las carteras más importantes había terminado.
Lo que vino después da claves de lo que está pasando en el corazón del poder.
María José Valenzuela, esposa de Lara, escribió en redes que su marido salió porque “no le siguió la cuerda a Carlos Suárez”, a quien llamó “el poder detrás del trono”.
Según ella, Lara se negó a nombrar a una viceministra que Suárez quería y no se fue para aspirar a la Alcaldía de Bogotá. Aunque esto último no se descarta como una posibilidad pues está habilitado.
Suárez, en El Tiempo, dijo que Lara es su amigo y que lo apoyó mientras estuvo: “Yo no respondo a chismes”. Este medio buscó a Suárez para incluir su versión, pero al cierre de esta edición no había respondido. Sin embargo, fuentes cercanas al asesor dicen que “los seres humanos siempre buscamos el motivo oculto cuando, al final, está a la vista de todos”.
Es decir, que los resultados y el estilo de Lara tuvieron que ver en la decisión, pero también, como dijo el propio De la Espriella en una carta, “en el camino pueden surgir diferencias de criterio y distintas maneras de entender algunas decisiones”. Y agregó: “valoro mucho su trabajo, su entrega y la seriedad con la que asumió las responsabilidades que le fueron confiadas”.
De todos modos, el señalamiento de Valenzuela generó más ruido. Ella era cercana a la primera dama Ana Lucía Pineda y la decisión de la salida de su marido, según dejan ver sus redes, los tomó por sorpresa pues en campaña defendieron y promovieron la figura del penalista.
Ordóñez, como es público, representa a un funcionario firme en la doctrina de la “Patria Milagro”. El exprocurador ha protagonizado varias polémicas en su vida pública por sus posiciones ideológicas. Pero, ¿cómo llegó a ser la carta para Interior?
Es innegable su cercanía con Carlos Suárez, pues trabajaron juntos en campañas pasadas y tienen una amistad de años. Cuando Ordóñez fue nombrado como embajador en la OEA hace unas semanas, Suárez dijo: “vuelve al ruedo el hombre que dice lo que piensa y hace lo que dice: Alejandro Ordóñez. Valiente, transparente, dogmático, un verdadero DEFENSOR DE LA PATRIA. El que NUNCA claudicó… fui su estratega y conozco muy bien su esencia. Bien por esa presidente De la Espriella (sic)”.
