
News Press Service
Por Elías Prieto Rojas
Para preñar de trascendencia y de simbolismo una frase es necesaria una ocurrencia, o un comentario disparado al azar, como un tiro al aire, o una piedra lanzada al mar; de cualquier manera, una conclusión, o una sentencia, -como la quiera-, es un gol olímpico, o un hoyo en uno hablando de golf. Por eso, me voy a referir en sentidas palabras a una oración, de las demasiadas que pululan asaltando los periódicos, o en los libros que aparecen por ahí… “Qué tristeza siempre estar feliz”, lo afirmó un joven calvo a quien un sobrino apodó “El Muerto”, y vaya usted a saber: (será porque le corre la tierra por la cara, o por su color de piel, blanca en extremo, mejor dicho, dejémoslo así), lo cierto del caso y regresando a la frase en mención y que acompaña el título de este artículo, y que equivale a… “Contigo me matas, o sin ti me muero”, se precisa decir que cualquier sentimiento –triste, o feliz-, sirve, depende las circunstancias. Ya Borges lo escribió: “La derrota tiene una dignidad que la ruidosa victoria no merece”. Y claro, qué gran señor mi amigo Borges, pero y sin remordimientos: miren a un perdedor, siempre se le ve triste, cabizbajo, no sonríe, es huidizo, no habla, mientras que el alegre suelta la lengua con facilidad, no en vano se dice que “habla más que un perdido”. Imagínense al náufrago que es rescatado en alta mar, o al secuestrado que es liberado…

“tira más lengua que perro bebiendo leche”, perdón mis lectores por las comparaciones que hago, pero debo advertir que los mejores versos siempre han sido escritos por poetas y seres humanos al borde del abismo y por eso se canta para encontrar, del rescate el asombro; o que me dicen de La Odisea, o del líder que sufrió cuarenta años caminando en pos de la tierra prometida y cuando la divisó, murió… ¡Qué tristeza estar siempre feliz! Y les voy a decir algo al oído. Un susurro, apenas perceptible: “Si en el bosque sólo cantaran las aves de mejor canto, el bosque sería silencioso”. Para variar, me quedo con los pajaritos y su trino: qué canto perfecto el de los seres alados; ahí no cabe Pavarotti, ni Carreras, ni Plácido Domingo, ni tampoco Valeriano Lanchas… Ahora si va mi sentencia: “La única felicidad de la vida es observar la sonrisa de un niño, o contemplar su mirada, o verlo correr por la alameda”, lo demás, señor lector siempre estará teñido de tristeza…
