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El astrofísico fue uno de los primeros investigadores en acercar la astronomía al gran público y en defender la búsqueda de vida más allá de la Tierra.
Carl Sagan (Nueva York, 1934) uno de los científicos más influyentes del siglo XX, dejó para la posteridad una reflexión que resume gran parte de su pensamiento: la idea de que la humanidad, pese a su sensación de centralidad, ocupa un lugar diminuto en la inmensidad del universo.
Con esta afirmación, el astrónomo no pretendía restar valor a la especie humana, sino situarla en su justa dimensión cósmica.
Sagan, que falleció en 1996, fue profesor de astronomía y ciencias planetarias en la Universidad de Cornell y participó activamente en programas espaciales de la NASA, como las misiones Mariner, Viking, Voyager y Galileo.
Su trabajo científico se centró en el estudio de los planetas, la posibilidad de vida extraterrestre y el origen del sistema solar.

Sin embargo, su mayor impacto llegó a través de la divulgación científica.
La célebre reflexión del “punto azul pálido” surgió a partir de una imagen tomada en 1990 por la sonda Voyager 1, cuando esta se encontraba a miles de millones de kilómetros de la Tierra.
En la fotografía, el planeta aparece como un pequeño punto luminoso suspendido en un rayo de sol, una imagen que Sagan utilizó para invitar a la humanidad a reflexionar sobre su fragilidad y su responsabilidad colectiva.
Ciencia y divulgación al alcance de todos

Más allá de la astronomía, Carl Sagan defendía que la ciencia debía servir como herramienta para fomentar el pensamiento crítico, la cooperación y la paz.
Consideraba que comprender la vastedad del universo podía ayudar a relativizar conflictos políticos, religiosos y territoriales que han marcado la historia humana.
A través de obras como Cosmos y Un punto azul pálido, Sagan acercó el conocimiento científico a millones de personas, combinando datos rigurosos con reflexiones filosóficas y humanistas.
Su estilo claro y accesible convirtió la ciencia en un asunto de interés general, no exclusivo de especialistas.
El mensaje de Sagan sigue siendo especialmente relevante en la actualidad, pese a que el científico falleció en 1996 a los 62 años a causa de una neumonía derivada de una mielodisplasia.
Almudena García Felipe
