
News Press Service
Por Elías Prieto Rojas
Tal y como avanza el mundo es claro que la realidad, aunque compleja, reconoce que la obsesiva lucha por el poder mundial tiene apenas tres líderes indiscutidos -permítaseme la palabra-, que no son otros, sino USA, Rusia y China. Sin embargo, cada uno de los nombrados busca con afán, «testaferros», pues son muchos los países involucrados, de acuerdo con su ideología, sólo que cualquiera de éstos, por lisonjas y la feria de sus valores interviene en los asuntos políticos de sus «amos» y así ellos -los testaferros-, «bailan» con la seguridad de sentirse protegido por el dictador de turno, que como sus aventuras lo definen, es como participar en una apuesta donde el azar es quien decide el ganador o perdedor, léase el beneficio del petróleo, o de las tierras raras, o el de la implementación de las armas nucleares. Algo así; es el rifirrafe del «sálvese quien pueda»; en otras palabras, y otra vez se repite, USA, Rusia y China, son los llamados a imponer un nuevo orden mundial, donde y como en el deporte de la lucha libre los desafíos son «sangre en la lona y vale todo»; lo anterior en algo se asemeja al fútbol, como ya lo dijo el inmortal Menoti, al asegurar que el éxito en el soccer se deriva de las pequeñas sociedades cuando al juntarse éstas y originarse por conocimiento y rapidez, en el área rival, las jugaditas, o arabescos, incluidas las famosísimas «paredes», el gol llega porque llega…

Así ocurre, cuando éstas naciones poderosas y ricas se unen como una jauría de lobos para devorar a los ciervos, que no son otros, sino los millones de pobres desperdigados por la faz de la tierra sin techo, ni alimento, ni salud, ni nada; sin nada es nada… no obstante, y para paliar y dorar la píldora, por ahora, los seres de cualquier pueblo, incluida la selva amazónica y Groenlandia deben hacer pequeñas sociedades en sus comunidades y liderar procesos de cambio que beneficien a corto y mediano plazo, como en el fútbol, pero es necesario empezar por la unión, el liderazgo y la iniciativa, para no dejar que prospere la inercia, ni el cruce de brazos, y sí por el contrario, aportar desde el entorno que corresponda siempre al bien común. Que puede sonar a «carreta», es posible, pero que tal vez sea mejor, como lo hacen quienes se convierten en manifestantes, allí en Irán, o en Minessota; son esos mismos ciudadanos los que se están levantando contra los abusos del poder. Aunque, si el precio es la muerte, entonces habrá que aprender de Gandhi, o de Mandela, o de la misma Corina Machado; ¿para qué la existencia si nuestros hijos no tienen un pedazo de tierra, o la posibilidad de expresar sus ideas, o le son vulnerados sus derechos?; lo mínimo que debemos pedir es dignidad y libertad, lo demás es esclavitud y opresión. Y si esto último es lo que nos toca, entonces para qué vivir… apoyemos la causa de quienes trabajan por ideales de paz y de concordia y no le demos papaya a los que desean sangre y muerte. Por lo demás, no pasemos la página, sigamos luchando…
