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ECO
Adrián Villellas
La palabra teletransportación suena a película de ciencia ficción, pero esta vez hablamos de laboratorio, cables y láseres muy reales. Un equipo de la Universidad de Oxford ha conseguido que dos procesadores cuánticos separados trabajen como si fueran uno solo gracias a la teletransportación de puertas lógicas, las operaciones básicas de cualquier algoritmo.
El resultado se publica en la revista científica Nature y se presenta en una nota oficial de la propia universidad.
En pocas palabras, los físicos han unido dos pequeños “módulos” cuánticos mediante fibras ópticas y luz, formando un único ordenador cuántico distribuido.

Esta arquitectura ataca de frente el gran problema del sector, la escalabilidad. En lugar de meter millones de cúbits en una sola máquina gigantesca, se conectan muchos equipos más pequeños, igual que hoy se hace con los superordenadores clásicos.
¿Qué se ha logrado exactamente dentro del laboratorio? Cada módulo alberga iones atrapados, que actúan como cúbits. Algunos están dedicados a la red y otros al cálculo.
Los investigadores crean entre ellos entrelazamiento cuántico mediante fotones, una especie de “hilo invisible” que conecta los dos procesadores.
Sobre ese enlace realizan la teletransportación de una puerta control‑Z, una operación cuántica entre dos cúbits situados en módulos distintos, con una fidelidad cercana al 86 por ciento, un valor muy alto para este tipo de experimentos.Aquí conviene aclararlo. No se teletransporta materia, nadie viaja de un lado a otro. Lo que se “mueve” es información cuántica, la acción de una puerta lógica que aparece aplicada en el segundo procesador sin que los cúbits hayan viajado físicamente. Esa es la base de lo que se conoce como computación cuántica distribuida.
Para demostrar que no era solo un truco aislado, el equipo ejecutó un algoritmo completo de manera distribuida, la famosa búsqueda de Grover, que sirve para localizar un elemento en una base de datos desordenada con muchas menos operaciones que un ordenador convencional.
El sistema obtuvo el resultado correcto en torno al 71 por ciento de las veces, suficiente para mostrar que el enfoque funciona y que se pueden encadenar varias puertas “no locales” entre módulos lejanos.
Y ahora la gran pregunta. Todo esto, ¿qué tiene que ver con el medio ambiente, el clima o la sostenibilidad de la que hablamos a diario en Ecoticias? Más de lo que parece a primera vista. Muchos de los retos ecológicos dependen de cálculos descomunales.
Desde modelos climáticos de alta resolución hasta el diseño de nuevos materiales para baterías o la optimización de redes eléctricas con mucha energía renovable.
Hoy esas tareas se reparten entre superordenadores y grandes centros de datos que consumen enormes cantidades de energía. Los expertos en clima y en computación cuántica señalan que, en el futuro, máquinas cuánticas a gran escala podrían complementar a los sistemas clásicos y acelerar simulaciones muy complejas, por ejemplo, al resolver ecuaciones que describen la atmósfera o el océano, o al ajustar miles de parámetros de un modelo climático sin disparar el consumo eléctrico del centro de cálculo.
En el sector energético ya hay señales de por dónde puede ir el camino. Empresas como Iberdrola han probado algoritmos cuánticos y “cuántico‑inspirados” para decidir dónde colocar grandes baterías en la red y cómo gestionar mejor la tensión, algo clave cuando cada vez hay más placas solares y aerogeneradores conectados.
Estos pilotos muestran que la optimización cuántica puede ayudar a tener redes más estables, con más renovables y sin que se dispare la factura de la luz.
