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La Real Academia Española (RAE) define ‘perdonar’ como «remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa». Una acción a priori simple, pero que supone un auténtico desafío para algunas personas.
Y es que la decisión intencionada de dejar atrás el resentimiento y la ira puede no resultar fácil dependiendo del daño que se ha recibido.
No obstante, aunque nunca se olvide la acción que ha herido u ofendido, saber perdonar puede disminuir la influencia que tiene ese hecho en uno mismo y que el sufrimiento disminuya.
A veces, incluso, puede derivar en sentimientos de comprensión y compasión hacia la persona que ha cometido el daño.
Perdonar supone avanzar. Sin embargo, también implica un ejercicio de valentía para enfrentar las emociones difíciles y superar la necesidad de venganza. Así lo refleja una de las citas más populares del pacifista, político y pensador indio Mahatma Gandhi.

El perdón, una acción de fortaleza
En una entrevista publicada en ‘Young India’ en abril de 1931, Gandhi defendió el perdón como un gesto valiente con la siguiente cita: «El débil nunca puede perdonar. El perdón es un atributo de los fuertes».
De esta forma, el pacifista indio hace referencia al perdón como una acción propia de personas valientes. Y es que, perdonar implica renunciar a la ira o al deseo de venganza, algo que requiere una gran fortaleza emocional.
Aquellos dispuestos a perdonar no necesitan justicia inmediata para sentirse completos. En cambio, quien carece de fuerza interior, autoestima o control sobre sus emociones no es capaz de dejar atrás el rencor.
No obstante, para Gandhi, perdonar era mucho más que una acción individual: es un mecanismo para transformar sociedades. Según el pacifista, responder con odio solo perpetúa la cadena de violencia y el conflicto, mientras que a través del perdón se conduce a la verdadera reconciliación y a un cambio duradero.
