
Theodoor Galle
News Press Service
National Geographic
Una máxima estoica que atraviesa siglos: la identidad auténtica no nace del azar, sino de la reflexión y la acción coherente.
En palabras del propio filósofo: «En nuestro poder están la opinión, el impulso, el deseo y la repulsión… no en nuestro poder están el cuerpo, la riqueza, la fama, los cargos». Este enfoque lleva a la inevitable conclusión de que no eres lo que tienes, ni lo que haces, ni lo que otros dicen de ti; eres lo que decides ser en tu fuero interno.
Epicteto compara la vida con una obra de teatro, donde a cada uno se le asigna un papel. Tú no eliges si eres rey o mendigo, padre o soldado. Lo que sí puedes elegir es cómo desempeñas ese papel con nobleza y entereza. Su cita no es una receta mágica de autoestima sin esfuerzo, sino una forma de inculcarnos la importancia del autoconocimiento y de que seamos coherentes en nuestra vida; con lo que decimos, hacemos y queremos conseguir.
Detrás de estas palabras hay una profunda reflexión que toca diana en el corazón del pensamiento estoico de hace más de dos mil años: la autodeterminación racional.
La construcción consciente de la identidad moral como base de la libertad interior no es un consejo de autoayuda, es el constructo que inspiró a personajes históricos de la talla de emperadores romanos como Marco Aurelio (llamado el ‘emperador filósofo’) y nos puede seguir sirviendo de guía a día de hoy.
¿Quién fue Epicteto?
Epicteto nació alrededor del año 50 d.C. en Hierápolis (actual Turquía), como esclavo del secretario del excéntrico emperador romano Nerón. Poco después de la muerte de este, obtuvo su libertad y se convirtió en uno de los filósofos estoicos más influyentes del mundo clásico. Originalmente, se convirtió en seguidor del estoico Musonio Rufo y, posteriormente, en filósofo por derecho propio.

Al igual que otros pensadores como Sócrates, Epicteto no dejó nada escrito y fue su discípulo Flavio Arriano (que, curiosamente, era un aristócrata romano y se ganó el favor del emperador Adriano cuando se embarcó en la carrera militar) quien recopiló sus lecciones en las Disertaciones o Discursos (de los que se conservan hasta cuatro libros) y en el famoso Enchiridion o Manual.
Fue maestro de filosofía hasta su muerte, que ocurrió poco después del año 120.
Desde su escuela en Nicópolis, Epicteto, que vivió entre los siglos I y II d.C., enseñaba que la verdadera libertad no estriba en las circunstancias externas, sino en el dominio de uno mismo; esto lo convertía, en un reformulador radical del estoicismo, más centrado en la ética práctica que en la especulación metafísica.
Ser antes que hacer
En lo más profundo de su pensamiento, Epicteto insiste en que debemos empezar por dentro. «Primero dite a ti mismo quién quieres ser; luego haz lo que tienes que hacer». Antes de actuar, de hablar, de juzgar o incluso de desear, nos dirige hacia la reflexión de que debemos tener claro quiénes somos y qué tipo de persona queremos llegar a ser.
Esta idea la expresa con fuerza en Las Disertaciones, libro III, capítulo 23.1. Son unas palabras que plantean una poderosa tesis, que la identidad moral no es heredada ni impuesta, sino elegida. Y esa elección exige coherencia.
Si quieres ser justo, no puedes permitirte ser un mentiroso. Si deseas encarnar la virtud, no puedes dejarte arrastrar por la ira o el resentimiento y así con cualquier valor o virtud. Y debes vivir de acuerdo con eso, cueste lo que cueste; sin excusas y sin postergarlo.
Prohairesis: la brújula del alma
El concepto clave en Epicteto es la prohairesis, término griego que podemos traducir como ‘voluntad moral’ o ‘libre elección’; es aquello que, según este filósofo clásico, está verdaderamente bajo nuestro control, a diferencia del cuerpo, las posesiones o la reputación, que dependen de factores externos sobre los que no tenemos dominio ni gobierno.
En palabras del propio filósofo: «En nuestro poder están la opinión, el impulso, el deseo y la repulsión… no en nuestro poder están el cuerpo, la riqueza, la fama, los cargos».
Este enfoque lleva a la inevitable conclusión de que no eres lo que tienes, ni lo que haces, ni lo que otros dicen de ti; eres lo que decides ser en tu fuero interno.
Epicteto compara la vida con una obra de teatro, donde a cada uno se le asigna un papel. Tú no eliges si eres rey o mendigo, padre o soldado. Lo que sí puedes elegir es cómo desempeñas ese papel con nobleza y entereza.
Su cita no es una receta mágica de autoestima sin esfuerzo, sino una forma de inculcarnos la importancia del autoconocimiento y de que seamos coherentes en nuestra vida; con lo que decimos, hacemos y queremos conseguir.
