
News Press Service
El futuro llegó hace rato
Todo un palo, ya lo ves
Veámoslo un poco con tus ojos
El futuro ya llegó
-El Indio Solari
El futuro que se nos está yendo
Hoy recibí una de esas llamadas que nunca se quisieran recibir, una querida amiga, con voz entre cortada y con algo de apuro, como queriendo soltar una noticia que le quemaba me dijo: “Te tengo que darte una mala noticia”, luego de algún titubeo continúo, “falleció Héctor Farfán”. Un silencio nos sobrevino. Una pesada respiración se escuchaba por el teléfono. Y luego mi voz que no sabía qué ni cómo pronunciar la siguiente frase. Luego de un largo y paciente tiempo la conversación se reanudó con las preguntas de rigor. Sabía que Héctor habitaba un espacio en las afueras de Anapoima… me informó que lo habían traído, enfermo a Bogotá y acá se produjo el deceso. (la partida, la trascendencia, como se dice ahora).
Se dice, en algunas culturas, que cuando muere un anciano se cierra una biblioteca… Hoy con la muerte de Héctor Farfán, más que una biblioteca se cierra una posibilidad vital de alguien que siempre vibró con sus sueños, que con sus saberes y que con su enorme sensibilidad nunca dejó de leer, de crear y de creer.

En los años 80, épocas de luchas, sueños y compromiso con la transformación social conocí a Héctor Farfán en alguna de estas actividades “conspiratorias” que se daban de manera casi silvestre y muy ricas en osadía y riesgo. Me impresionó ese afán de leer. Siempre un lector voraz, con muy buena memoria y acertados comentarios sobre lo que leía. Podía leer entre penumbras, entre copas, en diferentes espacios… siempre se le veía con un libro, con deseos de entablar conversación particularmente sobre literatura.
Su vida transcurrió, en buena parte, en el sur oriente de Bogotá, (antes de irse para Anapoima) entre aquellos sectores populares que crean organización cultural a través de bibliotecas, clubes, revistas, teatro, música. Desde allí dejó una visual e imborrable huella. Sus capacidades como creador visual siempre destacaron, debe haber en muchos lugares de Bogotá publicaciones, libros, revistas, cuadros, avisos… que testimonian este afán de plasmar con imágenes sus experiencias, su sensibilidad y sus logros.
Esa necesidad como creador, su afán de pintar, de hacer escultura, instalaciones tuvo como impronta siempre creer y luchar por el esquivo sueño de un mejor vivir. Su vida transcurrió entre activismo, militancia, bohemia, pintura, y muchos sueños que se fueron desgranando a lo largo de su vida como ejercicios que testimonian su paso por diferentes procesos.

Hace unos años lo visité en el hospital de la mesa; allí lo encontré entre cables, mantas, sueros, y remedios con un arsenal de libros sobre su cama. Estaba allí por un asunto menor que fue mal tratado. Se había lastimado un dedo y en Anapoima luego de una rápida curación lo enviaron para la casa, allí continúo con sus ocupaciones y el dedo se infectó… así que le tocó desplazarse a la Mesa, donde luego de unos días de hospitalización salió, con una cicatriz en la mano y varios libros leídos.
Con Tito, el amigo común, algunas veces conversamos sobre las precarias condiciones de Héctor y cómo sufría el abandono y la precariedad de una vida que merecía mejores tiempos. Así mismo con Julio Ferro en un par de ocasiones conversamos sobre los apremios que vivía nuestro amigo Héctor y siempre nos decíamos habría que lograr un apoyo constante y merecido… pero nunca logramos concretar nada de esto, apenas los apoyos individuales, que seguramente fueron muchos de buena parte de sus amigos.
Ahora lo recuerdo como parte de un proceso que se inició en 1991, donde con otras personas andábamos buscando crear un proceso de educación popular que culminó con la creación de Crear Jugando. Héctor no se sumó a la idea de generar este proceso instalándonos en el barrio Diana Turbay. Por ese entonces el alcohol y otros apuros no le permitieron vincularse a nuestro proceso. Si participó como ilustrador en algunos libros que se editaron en el “Fondo para la Paz” con la fundación Progresar.

Su espíritu nunca decayó pese a que sufrió la ingratitud de muchos de quienes anduvieron con él en el apuro de la militancia. Comprendió y aceptó que eran otros tiempos y que las personas cambian y asumen otros roles…
Nos quedó pendiente una conversación apenas iniciada hace unos días sobre Persépolis, esa enorme obra de la iraní Marjane Satrapi y que me comentó que ese libro lo recomendaba en los talleres que dictaba en Anapoima… Así como nos quedó pendiente un encuentro para escuchar y conversar sobre la música del Indio Solari, que también partió hace unos días… «El lujo es vulgaridad», «El futuro llegó hace rato», «Vivir solo cuesta vida» … Frases contundentes de algunas canciones del Indio Solari que pensábamos conversar…
en fin, siempre nos quedan asuntos pendientes, conversaciones a medias, compromisos por realizar…Más que con el dolor y los abandonos me quedo con los afectos y buenas tertulias que mantuvimos aún en la distancia…
Salud!!!
Alberto Blandón S.
