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Banco Mundial
El empleo y el medio ambiente están estrechamente interconectados. El medio ambiente incide en los medios de subsistencia, la productividad y la transformación económica.
Por su parte, los mercados laborales determinan la forma en que las sociedades se adaptan a las condiciones ambientales. Los empleos son también fundamentales para la prosperidad y la reducción de la pobreza, al ser una fuente de ingresos, esperanza y dignidad.
Sin embargo, en los próximos 10 a 15 años, alrededor de 1.200 millones de jóvenes[MIS1] alcanzarán la edad de trabajar en los países en desarrollo, pero se proyecta que se crearán solo alrededor de 400 millones de puestos de trabajo.
Las presiones ambientales que ya afectan significativamente los medios de subsistencia y el potencial económico agravan aún más el déficit de empleo.
En muchos países en desarrollo, la degradación del aire, el agua y la tierra reduce la productividad y limita las oportunidades tanto para los trabajadores como para las empresas.
Ver el bosque y los árboles: Medio ambiente y empleo a escala
Invertir en la naturaleza puede ser una de las vías más rápidas para proteger los medios de subsistencia, impulsar la productividad y crear empleo.
Los recursos naturales y los ecosistemas sustentan numerosos sectores productivos, desde la agricultura y la pesca hasta el turismo y la energía renovable.
Por lo tanto, reorientar el desarrollo en torno a un planeta habitable no solo es posible, sino que es la opción económica más inteligente.
La transición hacia actividades económicas más limpias y restauradoras puede generar nuevas oportunidades e ingresos sólidos. De hecho, las inversiones en sectores menos contaminantes suelen crear más puestos de trabajo por cada dólar invertido que las inversiones en industrias más contaminantes.
Suelos fértiles, pesquerías productivas, bosques exuberantes y ecosistemas saludables son el sustento de los medios de subsistencia en la agricultura, la pesca y el turismo.

A continuación, le presentamos un panorama del potencial de generación de empleos en el ecosistema ambiental:
Solo el sistema agroalimentario emplea a alrededor de un tercio de la fuerza laboral mundial, y 3.200 millones de personas (en inglés) dependen de los sistemas alimentarios para sus medios de subsistencia. En los países de ingreso bajo, la agricultura aún representa casi dos tercios de todos los empleos.
Los sectores basados en la naturaleza sustentan a millones de trabajadores. La pesca y la acuicultura generan empleo directo para 62 millones de personas y apoyan los medios de subsistencia de más de 500 millones de habitantes en todo el mundo.
Las actividades relacionadas con los bosques crean empleos para 33 millones de personas cada año, y las inversiones en la protección de la naturaleza también pueden generar beneficios económicos sólidos.
Por cada dólar invertido en áreas protegidas y turismo ecológico, se puede recuperar al menos seis dólares.
En Zambia, solo dos parques nacionales generan más de 35.000 empleos, mientras que el turismo sirve de sustento para el 30% de la población en edad de trabajar cerca del Parque Nacional South Luangwa.
Los sectores que dependen del agua, como la agricultura, la energía y la industria, sostienen alrededor de 1.700 millones de empleos en todo el mundo.
Cuando los sistemas hídricos fallan, los medios de subsistencia se debilitan. Durante la sequía de 2018 en Ciudad del Cabo, por ejemplo, 20.000 trabajadores agrícolas perdieron sus fuentes de sustento debido a la escasez de agua.
Fortalecer la seguridad hídrica y ampliar el acceso al agua potable puede, por tanto, proteger dichos medios y, al mismo tiempo, impulsar el crecimiento económico.
La degradación ambiental destruye los empleos
Si bien los sistemas ambientales sostienen los empleos, su degradación puede también debilitarlos cuando la contaminación y las conmociones climáticas perjudican la salud y la productividad de los trabajadores.
La contaminación deteriora lentamente los resultados económicos. El aire y el agua contaminados reducen la productividad y los ingresos de los trabajadores, tanto en los empleos al aire libre como en espacios cerrados.
La contaminación también afecta la cognición, la toma de decisiones y la producción general. El daño comienza a temprana edad y se acumula con el tiempo.
La exposición durante el embarazo y la primera infancia puede debilitar el capital humano, disminuir el nivel educativo y reducir los ingresos a lo largo de la vida.
Las perturbaciones climáticas alteran el empleo de forma más directa. Las inundaciones, las sequías y el calor extremo provocan el cierre de los negocios e impiden que los trabajadores se presenten en sus lugares de trabajo.
La productividad baja cuando el clima se vuelve más extremo. Los impactos climáticos podrían ocasionar la pérdida de una cantidad equivalente a 260 millones de empleos para 2050 en los países de ingreso bajo y mediano.
Al mismo tiempo, la adaptación al cambio climático puede crear nuevas oportunidades laborales.
En 49 países estudiados, las inversiones en adaptación climática podrían generar unos 25 millones de empleos para 2050.
En los países de ingreso bajo y mediano, esta cifra podría alcanzar los 149 millones de puestos de trabajo.
El mensaje es claro. El crecimiento que daña el medio ambiente también perjudica la productividad, las perspectivas laborales y la prosperidad a largo plazo.
Un enfoque que prioriza el empleo y la política ambiental: Invertir, capacitar y proteger
Un conjunto claro y práctico de medidas normativas puede ayudar a los responsables de tomar decisiones a impulsar el empleo y, al mismo tiempo, gestionar los recursos ambientales. Se aplican tres principios fundamentales:
Primero, invertir de manera acertada: Invertir en sectores menos contaminantes y basados en la naturaleza (en inglés) es una decisión inteligente que crea más empleos por cada dólar que las inversiones en sectores más contaminantes.
La silvicultura, la pesca y la agricultura son multiplicadores de empleo sólidos en todo el mundo. El uso sostenible de la tierra también puede generar beneficios económicos duraderos, no solo un impulso a corto plazo.
Segundo, desarrollar competencias para una economía cambiante: La mayoría de los empleos verdes dependen de habilidades básicas, técnicas y digitales sólidas.
Algunos puestos de trabajo requerirán capacitación específica en lugar de títulos completamente nuevos.
Los techadores pueden convertirse en instaladores solares en cuestión de semanas, y los mecánicos pueden aprender técnicas de reparación energéticamente eficientes a través de cursos breves.
Los sistemas de capacitación no se expanden con la rapidez suficiente para satisfacer la demanda.
Tercero, proteger a los trabajadores desplazados: A medida que los patrones de empleo se transforman, los responsables de formular políticas deberán implementar políticas activas del mercado de trabajo —entre ellas, la intermediación laboral y la capacitación—, junto con mecanismos de apoyo a los ingresos, como las indemnizaciones por desempleo y las transferencias monetarias temporales.
Los sistemas de protección social también pueden ayudar a los hogares vulnerables a hacer frente a los cambios.
El empleo y el medio ambiente no se pueden separar.
La transición hacia una economía más limpia y resiliente puede crear empleo a gran escala, pero solo si los países invierten en los sectores adecuados, desarrollan las competencias necesarias y protegen a las comunidades vulnerables.
Si hacemos las cosas bien, nuestra riqueza natural podría ayudar a sostener los medios de subsistencia de millones de personas.
