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El pintor veía el tiempo como algo flexible, subjetivo y difícil de controlar, por lo que aceptarlo se plantea como la mejor forma de combatirlo.
Es complicado ahondar en el surrealismo por el carácter intrínsecamente transgresor que presenta: a raíz de hacer ‘arte’ de las ideas que Sigmund Freud esbozó acerca del inconsciente se buscó, en plena Europa de Entreguerras, sobrepasar lo real impulsando lo irracional y lo onírico.
Y el resultado fue una de las vanguardias más maravillosas y, al mismo tiempo, difíciles de comprender, que halló en Salvador Dalí, natural de Figueras (Gerona), uno de sus máximos representantes.
Lo cierto es que Dalí fue artista porque, en general, era muchas cosas y, al mismo tiempo, nada. Era único. Su pensamiento, organizador de su obra ecléctica y que aglutinaba inspiraciones de distintas fuentes para deconstruirlas en sus cuadros, era extremadamente singular.
De ahí que leer sus citas conlleve cierto vértigo, como cuando dijo, y quizá pueda tildarse de coloquialismo por aquellos que desconocen su profundidad, lo siguiente: “Muchas personas no cumplen los ochenta porque intentan durante demasiado tiempo quedarse en los cuarenta”.
Los ‘relojes blandos’

Dicha oración iba más allá de la edad biológica: sugiere que las personas desperdician energía luchando contra el paso del tiempo y aferrándose a la estampa pasada de sí mismas.
Habla de la negativa a aceptar la transformación, el envejecimiento y los cambios inevitables de la vida. Como sus relojes blandos.
El máximo matiz ‘daliniano’ que destila la oración es todo un baño de verdad: para llegar a viejo hay que aceptar que uno envejece.
Y quien vive obsesionado con conservar su juventud, al final, entra en conflicto con la realidad. Dicho de otra forma: intentar quedarse en los cuarenta es negar el transcurso del tiempo, lo que, desde la perspectiva de Dalí —que tenía en el tiempo, la muerte y la transformación algunos de los motivos más recurrentes de su obra—, es un error flagrante.
Si uno piensa en La persistencia de la memoria y en los célebres relojes deformados podrá percibir el tiempo como algo flexible, subjetivo y difícil de controlar.
El tiempo no es algo rígido, sino una fuerza que todo lo desfigura; e intentar detenerlo, por tanto, sería una ilusión.
