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Por Elías Prieto Rojas

¿Por qué la vida misma termina con la muerte? Y es que da miedo, sólo pensarla, porque, de cualquier modo, dice la leyenda que quien la invoca, de seguro la padece. Yo, por eso, más bien me hago el loco. Alguien dirá que le «mamo gallo» a la parca porque me cuido; no bebo, no fumo, aunque tal vez mi mayor problema es la cuchara; ansiedad. Prefiero hablar de otras cosas, no de jamones, ni de milhojas, tampoco de hamburguesas. Prefiero levantarme de madrugada y escribir, o leo, o trabajo llamando a mis profesoras, y en las tardes dicto conferencias virtuales, porque deseo, es la verdad, que el mundo se eduque; y me duele que maltraten el idioma; cómo les parece que una de mis estudiantes escribe «yo le dije que iva a ber si lo pensava», erda, cómo no voy ayudar… si la buena ortografía es clave para comunicarnos; mejor hablemos del mensaje apocalíptico de la muerte: ¿por qué la mayoría de cuentos terminan invocando a la dama de negro?; esa mujerzuela, velada, soterrada, casquivana, de ahí que tal vez prefiera hablar de traición, o de celos; mejor dicho, para no seguir comprometido, deseo, o más bien le meto cremallera a mis labios. Ahora, y no es que esté evadiendo a la malquerida; lo que pasa, es que en este momento viene en tranco lento, mi bus. Un Alimentador.

Por manifestaciones sobre la suspensión que le hizo la Corte Constitucional al salario mínimo, éste se fue por otro lado, el alimentador, no el violador de la justicia social. Y para variar no me voy a ir de polizón en el transmilenio. Pues todo el mundo se cuela y cualquiera se pasa de honrado, pero espere a que le den papaya y zas como San Pedro se niega al maestro. Y por ahí dicen que los catanos debemos pagar menos, siquiera en el transporte, pero yo solo creo en la virginidad de mi suegra. ¿Y por qué deben pagar los ancianos? pues si el Estado no los cobija ni los protege ni se legisla en favor de ellos, entonces que se salten la registradora los rucos y después con su cadera partida, de seguro que nuestros infalibles sistemas de salud, facil: saldrán ellos caminando y enteros. Y no se les debe tildar de conspiradores, ni de que están atacando el sistema. Los conspiradores son aquellos corruptos, los ladrones de cuello blanco, y las bandas criminales; mejor yo me callo. En otras palabras, necesitamos un nuevo Clark Kent. Pero ¿dónde lo encontramos?
