Una filósofa que vivió como pensaba y murió casi desconocida, pero fue reivindicada por uno de los escritores más influyentes del siglo XX.
El autor vio en ella una coherencia moral que hoy resulta más vigente que nunca.

News Press Service
Clarin
Albert Camus definió a Simone Weil como “el único gran espíritu de nuestro tiempo” en una carta escrita en 1951, cuando ya era una de las figuras centrales de la literatura europea. No hablaba de Jean-Paul Sartre, Heidegger ni de ningún filósofo consagrado, sino de una mujer que había muerto ocho años antes, casi en el anonimato, dejando una obra dispersa y una vida marcada por la coherencia extrema.
Simone Weil había sido obrera, activista, filósofa, mística y voluntaria en conflictos armados. Había trabajado en fábricas, vivido en condiciones de pobreza y puesto su cuerpo al servicio de las ideas que defendía.
Para Camus, esa combinación de lucidez intelectual y compromiso vital la colocaba en un nivel que ningún sistema filosófico podía igualar.
El reconocimiento de Camus no fue un elogio abstracto. Desde su rol como editor en Gallimard, fue quien impulsó la publicación y difusión de los textos de Weil en la posguerra, permitiendo que su pensamiento llegara al mundo y no quedara perdido en cuadernos personales.
Quién fue Simone Weil y por qué resultó tan singular
Simone Weil nació en París en 1909, en una familia judía laica, intelectual y exigente. Estudió filosofía y fue compañera de Simone de Beauvoir, aunque ambas terminaron enfrentadas por sus miradas opuestas sobre el compromiso político y la sensibilidad social.

A diferencia de muchos pensadores de su tiempo, Weil no se conformaba con analizar la realidad desde afuera. Creía que para comprender la injusticia había que vivirla.
Por eso trabajó en fábricas, participó en movimientos sindicales, recogió cosechas en el campo y se involucró en causas sociales de manera directa.
También se alistó brevemente en la Guerra Civil española del lado republicano y vivió el ascenso del fascismo, el antisemitismo y el colapso de Europa desde una
experiencia personal, no teórica. Esa exposición constante al sufrimiento ajeno marcó toda su obra.
Por qué Camus la consideró una figura única
Cuando Weil murió en 1943, su obra no era famosa. Sus escritos estaban repartidos entre cartas, cuadernos y artículos. Camus los leyó en la posguerra y quedó profundamente impactado por algo que no encontraba en otros autores: una ética vivida, no declamada.
Para Camus, Weil no solo pensaba bien, sino que vivía de acuerdo con lo que pensaba.
En un siglo dominado por ideologías que justificaban la violencia y la opresión, Weil defendía una moral basada en la atención al otro y en la dignidad concreta de cada persona.
En una carta a la madre de Weil, Camus escribió que su mayor satisfacción sería haber contribuido a difundir una obra cuyo alcance aún no se había medido. Esa frase selló su lugar en la historia intelectual del siglo XX.

Las ideas de Weil que hoy vuelven a ser relevantes
Simone Weil desarrolló una filosofía ética basada en tres ejes centrales que se detallan a continuación:
- La atención al otro como forma de amor
- La obligación moral antes que el derecho individual
- El arraigo como necesidad humana básica
- Para ella, una sociedad no se construye solo reclamando derechos, sino asumiendo deberes hacia cualquier persona que sufre. En Echar raíces sostenía que el desarraigo —social, cultural, laboral— es una de las grandes fuentes de sufrimiento moderno.
- En tiempos donde reinan las redes sociales, casi sin control por parte de los estados, y los discursos polarizados, su llamado a mirar al otro sin filtros ni consignas suena más actual que nunca y busca generar empatía.
