Pekín y Moscú quieren aprovechar el deshielo del ártico para abrir una nueva ruta comercial estratégica lejos de la sombra de un posible bloqueo estadounidense

News Press Service
AS
Álvaro Valladares
Este sábado, una naviera china ha realizado el viaje inaugural de una nueva ruta comercial que conectará el puerto asiático de Ningbo con la ciudad inglesa de Felixstowe en un tiempo récord, navegando a través del Ártico ruso.
Durante un periodo de siete semanas, hasta inicios de octubre, se mantendrá esta conexión comercial que refleja la determinación del gigante asiático por abrir nuevas vías marítimas ajenas a los sensibles cuellos de botella estratégicos de Suez, Ormuz o Bab el-Mandeb.
La conocida como Ruta del Mar del Norte acorta de 40 a 20 días el tiempo de viaje para las mercancías que transitan entre Asia y Europa. Se trata de una alternativa más rápida y segura para el comercio euroasiático que cada año cuenta con mayor tráfico, impulsada por el deshielo polar.
Sin embargo, detrás de este interés subyace la necesidad de Pekín de asegurar su conexión con los mercados internacionales a través de rutas inmunes a un posible bloqueo de Estados Unidos.
Neutralizar la amenaza de EE. UU.
Para China, mantener abiertas las principales rutas comerciales es una cuestión de supervivencia. El país asiático depende de forma crítica de la exportación de sus productos y de la importación de materias primas y energía para mantener activo su tejido productivo y, en última instancia, sostener su poderosa economía.

El problema radica en que las principales vías de abastecimiento del gigante asiático dependen casi por completo del paso por una serie de pasos estrechos dominados en su mayoría por Estados Unidos o sus países aliados.
Este es el caso del estrecho de Malaca, donde Washington cuenta con una notable presencia y por donde Pekín envía hasta el 60 % de sus exportaciones y recibe el 80 % de su petróleo.
A este riesgo se suma la inestabilidad geopolítica de otros corredores clave como el de Ormuz, tensionado por la situación con Irán, o el de Bab el-Mandeb, amenazado por los ataques hutíes.
Ante esta vulnerabilidad estratégica, el Gobierno chino lleva décadas invirtiendo en diversificar sus conexiones mediante iniciativas como la “Nueva Ruta de la Seda” o la ya conocida como “Ruta de la Seda Polar”.
Aprovechar el deshielo polar
El deshielo del Ártico, acelerado por el cambio climático, ha abierto a China y a su aliado ruso una ventana de oportunidad única para neutralizar una de las principales bazas geopolíticas de Washington.
Las condiciones climáticas actuales permiten que durante la época estival el hielo retroceda lo suficiente como para permitir el paso de grandes buques mercantes por el océano Ártico, ofreciendo una vía alternativa más rápida y segura que los corredores marítimos tradicionales.
