Los jóvenes presentan retos en la inserción al mercado laboral, y la tasa de desocupación es una muestra de esto: mientras casi 16 de cada 100 jóvenes son desempleados, tan solo 9 personas lo son en el promedio nacional.
Los “Ninis”, jóvenes que no estudian ni trabajan, representan el 22,6% del total de los jóvenes. Además, la brecha de género es preocupante: cerca del 67% de los “Ninis” son mujeres.
En el largo plazo, la desvinculación educativa y laboral de los jóvenes limita la acumulación de capital humano y reduce el potencial productivo del país.

Bogotá, septiembre de 2026. News Press Service. Los jóvenes1 desempeñan un papel fundamental en la economía y en el mercado laboral, pues constituyen la base del capital humano que determinará la capacidad productiva del país en los próximos años.
Según ANIF, su acceso a una educación de calidad y a empleos formales no solo favorece sus trayectorias individuales, sino que también contribuye al crecimiento económico, al aumento de la productividad y a la generación de nuevas dinámicas de empleo.
Sin embargo, esta población enfrenta mayores barreras para ingresar y permanecer en el mercado laboral. La menor experiencia, las dificultades para acceder a un primer empleo y la alta rotación laboral limitan sus oportunidades de ocupación.
Esto se refleja en la tasa de desocupación (TD): durante el primer semestre del año, el indicador se ubicó en 15,9% para los jóvenes, frente a 9,0% en el total nacional, una tasa 77% más alta.
Dentro de esta población, existe un grupo que requiere especial atención en materia de política pública: los jóvenes que no estudian ni están ocupados, conocidos como “Ninis”.
Esta categoría incluye tanto a quienes están desocupados y buscan empleo como a quienes permanecen fuera de la fuerza laboral.
Durante el primer semestre del año, cerca de 2,5 millones de jóvenes se encontraban en esta situación, equivalentes al 22,6% de la población entre los 15 y los 28 años.

Este fenómeno se agrava por factores como la transición entre la educación y el mercado laboral, que constituye un momento crítico: entre los 16 y los 18 años, la probabilidad de encontrarse en esta condición aumenta de 5% a 22% (Lasso-Valderrama y Vargas, 20262).
Dentro de los “Ninis” también se presenta una marcada brecha de género. De los cerca de 2,5 millones de jóvenes que no estudiaban ni estaban ocupados, 831 mil eran hombres y 1,7 millones, mujeres, es decir, el número de mujeres más que duplica el de los hombres (ver Gráfico).
En consecuencia, ellas representaban el 66,8% de esta población, frente al 33,2% de los hombres. La brecha entre hombres y mujeres refleja desigualdades que van más allá del acceso a la educación.
Aunque sus trayectorias educativas son similares, las mujeres tienen una menor participación en el empleo remunerado, especialmente durante la transición entre la educación media y secundaria y el mercado laboral.
A su vez, asumen una mayor proporción del trabajo doméstico y de cuidado, lo que limita su disponibilidad para ingresar y permanecer en el mercado de trabajo.
Por tanto, su sobrerrepresentación entre quienes no estudian ni están ocupados evidencia tanto las barreras que enfrentan para acceder al empleo remunerado como la invisibilización de las actividades no remuneradas que realizan.
La elevada proporción de jóvenes que no estudian ni están ocupados representa una pérdida de oportunidades individuales y el desaprovechamiento de capital humano con potencial para contribuir al crecimiento del país.
La falta de formación y experiencia laboral puede afectar sus trayectorias durante toda la vida productiva: según Lasso-Valderrama y Vargas (2026), haber estado en esta condición durante la juventud se relaciona, veinte años después, con resultados laborales menos favorables, incluida una menor ocupación asalariada entre las mujeres.
Por ello, reducir la brecha no solo es un objetivo social, sino una inversión productiva que permitiría fortalecer su autonomía económica y aprovechar su aporte potencial a la participación laboral, la productividad y el crecimiento de largo plazo.
AUTORES: Equipo de investigación de ANIF bajo la dirección de José Ignacio López G.
