
News Press Service
Por Eric Sorlien
Quién habla, desde esta columna de opinión, es un ciudadano norteamericano con raíces en el Estado de Finlandia. La tierra que donde nací, es conocida a nivel mundial por la Campana de la Libertad, del ladrillo rojo, de Rocky subiendo las escaleras del Museo de Arte. En un lugar en mí país con historia. Pensé que no había otro lugar igual.
Si embargo, la vida me regaló el privilegio de llegar, conocer, disfrutar y caminar Colombia. En particular el municipio de Cajicá, en el departamento de Cundinamarca.
Esta urbe, a 45 minutos de Bogotá por vía terrestre, al llegar lo primero que sorprende es la calidez de su gente, su historia, patrimonio, cultura, gastronomía, naturaleza y turismo. También su alto fervor religioso, a través de sus imponentes iglesias.
Saben, señores lectores (as) en el Estado de Finlandia, en los Estados Unidos, somos amables, pero estamos apurados. En el municipio de Cajicá, en el país «cafetero», sus habitantes, tienen el don que nosotros perdimos, el tiempo para conversar, departir y edificar amistad.

Me sorprende que el señor de las tiendas de barrio, el supermercado e incluso en los Uber, los señores y señoras dicen con amabilidad: hola, amigo, vecino o jefe; como si te conociera de toda la vida.
Caminando el municipio, con mi perra Lassie, me encontrado con niñas que venden fresas. Lo mejor, es que te explican cómo se cultivan. También he tenido la fortuna de observar con sorpresa, como las abuelas de «Capellanía», tejen en la lana virgen, anudada a la mano, como lo hacía la cultura indígena Muiscas, hace 500 años.
En los dos años que llevo en el municipio de Cajicá -conocido como Casa de Piedra en Colombia – jamás me he sentido como extranjero. Soy uno más de esta urbe. Cuando me dice excúseme. Gracias. Cuando vuelve, me desarma el corazón.
Ahora bien, para ser más descriptivo, caminando el Centro Histórico, se puede apreciar en todo su esplendor, balcones, puertas de las casas y fachadas de edificaciones públicas y privadas, zócalos de colores vivos, tejados de barro que han visto pasar 488 años de historia.
En el parque principal del municipio de Cajicá, emerge la majestuosa Iglesia de Inmaculada Concepción. Representa una fe comunitaria, hecha en piedra.
Más adelante, está «La Estación del Tren de la Sabana. Tiene más de un siglo. Cuando el Tren llega, se dice que sus habitantes y turistas se detienen a míralo. Se toman fotografías. Videos que suben a redes sociales.
Como ciudadano de los Estados Unidos, viviendo en Cajicá, en el municipio, no guarda su historia en vitrinas. La vive los 365 días del año. Aquí, entre su naturaleza y calles, se fundó, una de las primeras escuelas de música del «Nuevo Reino».
He podido apreciar, aplaudir, disfrutar y escuchará a la Orquesta Sinfónica de Cajicá, en un lugar cargado de cultura.
En esta tierra de la Sabana Centro, se celebra la Semana del Patrimonio, a través de amasijos ancestrales de tejido, que se suma, a la aparición en las calles de bicicletas clásicas como vehículo de transporte.
Al hablar de su gastronomía, aparecen ante mis ojos, las almojábanas, pan de oliva caliente, los legendarios helados de San Jerónimo, pescado en todas sus formas, al igual que la carne, el pollo, que, junto a la morcilla, el chunchullo y el plátano, crean un plato que se le llaman «Picada». La disfrutaré en unos días, en la celebración del Día del Amor y la amistad, en el mes de septiembre.
Amigos de Estados Unidos, de Colombia y América Latina, si visitas el país donde nació el Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, los cantantes «Juanes», «Shakira» y «Carlos Vives», no solo viajes a Medellín, Cali o Cartagena. Visita el municipio de Cajicá, una «Fortaleza de Piedra», habitada por gente trabajadora, culta y muy amable.
Te aseguro que Cajicá, te recibirá con los brazos abiertos. Siempre querrás volver, después de «amar», su naturaleza, bajo imponentes montañas. Su hermosa artesanía, los detalles de «La Nonna», velas con aromas y casas, en madera estilo chalet para incienso y café.
