
Por Alberto Restan Hincapié
Bogotá, marzo de 2026. News Press Service. Paloma Valencia cerró su campaña en Bogotá volando sola. Durante la mayoría de la campaña estuvo acompañada de Álvaro Uribe, la fuerza principal hasta esta etapa, pero en la capital, el domingo del cierre, Uribe se quedó en Antioquia.

De acuerdo con el portal La Silla Vacía, estuvo durante todo el día cerca de la candidata en su recorrido. Paloma caminó entre una ciudadanía que apenas se conecta frente a las elecciones, en ocasiones sin ser reconocida.
Fue un simulacro de lo que será la campaña con un Uribe menos presente si gana la Gran Consulta y avanza a primera vuelta como la líder del grupo de nueve candidatos de centro y derecha.
“Mi linda vengo a pedirle su voto”, le dice a una vendedora de un puesto de fruta frente al centro comercial Hayuelos. “Conmigo tendrá crédito”. La vendedora sorprendida, le sonríe. A Paloma la acompaña el grupo de Víctor Mosquera, edil de Fontibón, uno de los que socorrió a Miguel Uribe cuando le dispararon a pocas cuadras y María Paz Buitrago, edil de Chapinero y directora de las juventudes con Miguel.
También unas 30 personas entre voluntarios y equipo de la campaña que se transportan en chiva y Nubia Stella Martínez, la ex directora del Centro Democrático, como única dirigente del partido presente.
El grupo luego entra al centro comercial con pancartas, con uno de los jóvenes cargando un parlante donde suena la canción de “una mujer a la Presidencia, Paloma Valencia”, entre las miradas curiosas de los transeúntes que tratan de atisbar quien va en medio de tantos escoltas.
“Paloma me parece bien, que Paloma sea mujer está bien y Uribe me encanta”, dice Jairo, quien no quiso dar su apellido. “No la tengo presente. No tengo posición ni positiva ni negativa, neutra”, dice Laura Rodríguez que estaba esperando su turno en un local de estética en el centro comercial.
Paloma es la primera en reconocer que ella “es la de Uribe”, como proclaman sus vallas, y que su vida política y su previsible triunfo en la Gran Consulta del 8 de marzo según todas las encuestas, está atado a la figura del expresidente.
“Hacer política con Uribe es muy fácil”, dice Paloma. “Mientras todos van a pie, uno va en carro”, dijo la candidata del Centro Democrático, refiriéndose al fervor que nuevamente ha vuelto a despertar el ex presidente.
Paloma ha recorrido 57 municipios desde el 15 de diciembre cuando se anunció como ganadora de la encuesta interna del Centro Democrático, el mecanismo interno para proclamar su candidata. A la mitad de esos municipios ha ido acompañada del expresidente, quien casi que de la mano la ha presentado a sus militantes, pidiéndoles votar para estas “manos impolutas de mujer”.
La senadora dice que vio con sorpresa cómo en una gasolinera en el Caribe donde al parecer no había nadie, a los cinco minutos, “como debajo de las piedras”, aparecieron docenas de personas para abrazarlo, tomarse una selfie y manifestarle su admiración.
La candidata presidencial mamá
A diferencia de las candidaturas masculinas, las de las mujeres tienen más exigencias en muchos aspectos, incluido el físico. Paloma empezó ese día soleado de cierre de campaña maquillándose y peinándose para la grabación de unos videos con candidatos al Congreso temprano.
Entre recorridos se ocupa de la vida familiar. Al mismo tiempo que le pide a su equipo que empiece a recortar los siete puntos que iban a visitar a tres, por razones de tiempo – y del aguacero que se avecina, llama a su hija de siete años que está en Guatavita con amigos. Amapola le pide que no la recojan, que se quiere quedar en el paseo, a lo que la mamá le responde que tiene ir al cierre de campaña a acompañarla. Revisa con su marido, Tomás, si sí le mandaron la ropa que le gusta, pero al parecer el padre no acertó con los jeans y tuvieron que volver a cambiar por otros más sueltos.
El cuidarse con la comida también es parte del menú. La exdirectora del Centro Democrático, Nubia Stella Martínez, busca que les compren queso para picar, que es proteína y no engorda y no con empanadas, almojábanas, papitas, que tal vez los hombres más despreocupados no dudarían en buscar. Valencia ya sufrió ataques y burlas en redes por su apariencia durante la campaña. A la llegada al centro de convenciones, el almuerzo es pollo a la plancha para cuidar a la candidata, aunque ella no almuerce hasta que llegue el pedido para todos.
Nuevamente le toca maquillarse y peinarse mientras responde las agudas preguntas de Amapola sobre cómo escoge sus alianzas políticas.
“La campaña le ha dado ansiedad, le ha dado duro que viaje tanto, que la gente hable, a veces se pone a llorar”, dice Paloma. La única candidata mamá de estas elecciones busca llegar a cualquier hora de la noche o madrugada para alcanzar a acompañarla a alistarse para ir al colegio y pasar un momento con ella.
