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Banco Mundial
En cada rincón de América Latina y el Caribe, desde hospitales rurales hasta centros urbanos y puestos comunitarios, el sistema sanitario late gracias a quienes trabajan al límite.
Médicas, enfermeros, técnicos y promotores de salud muchas veces enfrentan jornadas extenuantes y recursos escasos, cumpliendo una misión esencial: prevenir enfermedades y brindar la atención que realmente salva vidas.
Es precisamente en esa primera línea donde se concentra uno de los desafíos más críticos —y urgentes— para la transformación de la salud en la región: los sistemas basados en la atención primaria necesitan fortalecerse, y eso requiere invertir también de manera decidida en el personal que sostiene el sistema día a día y que está en permanente contacto con la población.
Además, el sector salud tiene una de las capacidades más altas para crear nuevos empleos en las economías de la región, lo que es una de las prioridades de los gobiernos y por lo tanto un foco central del trabajo del Banco Mundial actualmente.
“Es crucial invertir en el recurso humano en salud —en su formación, selección, carrera e incentivos—. Y, en muchos países, es esencial integrar sistemas en los que coexisten servicios públicos y privados, seguros sociales y estructuras subnacionales, diseñadas hace 80 años, que dificultan ofrecer un servicio eficaz centrado en el paciente. Son decisiones políticas complejas, pero urgentes”, advirtió Jaime Saavedra, director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe del Banco Mundial.
Este mensaje predominó en el II Foro Regional de la Alianza por la Atención Primaria de Salud (APS), celebrado del 26 al 28 de enero en Río de Janeiro, Brasil, donde la iniciativa liderada por la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), conmemoró su segundo aniversario mostrando avances, nuevas adhesiones y una hoja de ruta ambiciosa.

Para Jarbas Barbosa, director de la Organización Panamericana de la Salud, contar con equipos de salud bien formados y sostenibles es fundamental para que la atención primaria funcione y genere resultados.
“En solo dos años, la Alianza ha demostrado su capacidad para alinear cooperación técnica, financiamiento y diálogo político en favor de prioridades nacionales.
La adhesión formal de Bolivia y Uruguay y la creación de sus mesas consultivas representan un avance estratégico para identificar brechas, orientar la cooperación donde más se necesita, priorizar inversiones y acelerar el fortalecimiento de redes y el acceso universal a la salud”, destacó.
Desde su lanzamiento en Montevideo en diciembre de 2023, la Alianza ha facilitado la alineación de planes de inversión y la movilización de recursos entre la OPS, el Banco Mundial y el BID, canalizando más de mil millones de dólares hacia los cinco países que ya forman parte formal de la Alianza y cuentan con mesas consultivas nacionales operativas: Chile, República Dominicana, El Salvador, Panamá y Paraguay.
Estas plataformas reúnen a ministerios de salud y finanzas, junto con la OPS y los bancos de desarrollo, para identificar brechas y acelerar inversiones en áreas clave: enfermedades no transmisibles, salud mental, salud digital, redes integradas de servicios y, de forma transversal, fortalecimiento del capital humano.
“Celebramos el compromiso político de los países que se han sumado a esta Alianza. Es urgente involucrar —además de los ministros de Salud— a los ministros de Hacienda, Educación y Empleo, porque garantizar servicios de alta calidad requiere orientar mejor la inversión y los esfuerzos institucionales”, subrayó Saavedra.
Javier Guzmán, jefe de la División de Salud, Nutrición y Población del BID, coincidió: “Fortalecer la atención primaria de salud es una de las decisiones más estratégicas que pueden tomar los países para responder a los retos sanitarios, demográficos y ambientales actuales.
A través de la Alianza, el BID reafirma su compromiso de acompañar a los países en la construcción de sistemas más resilientes, integrados y centrados en lasLa expansión de la Alianza
Bolivia y Uruguay se incorporaron formalmente y lanzaron sus mesas consultivas nacionales.
En Bolivia, el proceso se apoyará en la institucionalización de las Funciones Esenciales de Salud Pública, el fortalecimiento del primer nivel de atención y la transformación digital del sector.

Para la ministra de Salud y Deportes de Bolivia, Marcela Flores Zambrana, la adhesión representa “un paso fundamental para fortalecer un cuidado continuo, cercano y equitativo” y reafirma que la atención primaria es un compromiso con la vida y el bienestar integral de las personas.
En el caso de Uruguay, la ministra de Salud Pública, Cristina Lustemberg, afirmó que “este acto de firma de convenio no es solo un papel; es un compromiso concreto con la salud de nuestras familias y de nuestras comunidades”.
Señaló que el acuerdo “fortalece la estructura de APS con un enfoque de derechos, equidad y participación, con la meta de alcanzar un sistema de salud más resistente, donde cada persona reciba atención oportuna y digna, con transparencia y responsabilidad compartida”.
Brasil, país anfitrión, reforzó ese mensaje al firmar junto a la OPS una carta de intención que confirma a la atención primaria como base de sistemas equitativos y resilientes.
El acuerdo subraya la importancia de la innovación y la inversión sostenida para enfrentar desafíos demográficos, epidemiológicos y climáticos.
El contexto regional refuerza esta urgencia: un tercio de la población aún enfrenta barreras de acceso a la atención, y los avances hacia la cobertura universal se han estancado.

Informes recientes, como el de la Comisión Lancet sobre APS y Resiliencia en las Américas, advierten sobre las consecuencias de subinvertir en sistemas basados en atención primaria de salud.
El consenso que dejó Río de Janeiro es claro: no habrá transformación sanitaria sin invertir más y mejor en quienes sostienen el sistema cada día.
Esta será un área central de trabajo de la Alianza en los próximos años.
Como resumió Jaime Saavedra, fortalecer el personal de salud no es una opción técnica más, sino “una decisión política urgente para garantizar sistemas que protejan a todas las personas, sin dejar a nadie atrás”
