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News Press Service
CUERPOMENTE
Tu mente no es una vasija que rellenar, es un fuego que prender y alimentar. Y es que ya Plutarco sabía que memorizar datos sin sentido sirve de poco. El verdadero objetivo del aprendizaje es saber qué hacer con ellos.
La asociación del conocimiento al fuego o a la luz viene de antiguo. Como una llama sutil que inunda de luz una caverna, la sabiduría puede revelarnos lo que antes nos parecía imposible distinguir en la oscuridad.
Es quizá por eso que una de las metáforas más poderosas que tenemos sobre el aprendizaje es la que acuñó Plutarco en su libro Sobre saber escuchar, en el que sienta las bases para que sus alumnos puedan aprovechar al máximo cada oportunidad de aprendizaje.Y es que manuales sobre cómo enseñar, preparar ponencias o dar charlas hay muchos. Pero pocos se han ocupado, como Plutarco, del que recibe la información.
Porque aprender, como enseñar, también es un arte. Y para comprenderlo, tenemos su metáfora: La mente no es un vaso que haya que llenar, es un fuego que hay que encender.
Saber escuchar

Todos queremos aprender a hablar, pero pocos se preocupan de saber escuchar. Y serán estos últimos, nos diría Plutarco, quienes de verdad tengan alguna vez algo que decir.
Porque si no aprendemos, poco podemos enseñar. Es suya, de hecho, esa célebre cita que dice que tenemos “dos orejas y una sola lengua porque debemos hablar menos que escuchar”.
Pero tener una actitud abierta a la escucha no basta. Debemos aprender a escuchar de la manera adecuada, debemos adquirir un método de aprendizaje preciso.
Y para ello, nos dice Plutarco, debemos aprender que “la mente no es como una vasija estrecha que solo necesita llenarse, sino que, más bien, como la madera, solo requiere una llama que prenda para crear impulsos descubridores y ansias de verdad”.
El problema es que desde entonces y hasta ahora hemos seguido apostando por sistemas educativos (en todos los niveles) que se basan en la memorización bruta de datos, como si con llenar esa “vasija” mental bastara. Y esto, ha demostrado la neurociencia, sirve de muy poco.
La era de la información

Si en la época de Plutarco esto ya era un problema, en la llamada “era de la información” lo es aún más.
En nuestras manos tenemos un sencillo aparato que, en cuestión de segundos, nos permitirá comprobar el siglo en el que nació el autor que hoy nos ocupa, cuántas obras escribió y, con un poco más de tiempo, hasta podremos rastrear el texto original al que nos referimos. Llenar la vasija, por tanto, parece tener menos sentido que nunca.Lo que necesitamos es, de hecho, hacer aquello que decía el maestro y encender la llama. La luz, como decíamos antes, permite algo esencial en la oscuridad: distinguir formas.
Y para eso, precisamente, debería prepararnos cualquier proceso formativo. Para distinguir, para pensar, para ejercer el pensamiento crítico.
Y para eso, la neurociencia apoya la intuición de Plutarco. Debemos buscar formas de aprender que se alejen más de esa imagen de “llenar la vasija” y se acerquen más a “prender la llama”.
Así es como aprendemos

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Más allá de que memorizar datos sirve de más bien poco si no sabemos qué hacer con ellos, surge una cuestión interesante: hemos descubierto que, efectivamente, nuestro cerebro se parece menos a una vasija y más a esa madera que prende.
Gracias a estudios como el de la neurocientífica Paulina Maribel Zarria Soto y su equipo, sabemos que la memoria depende de redes dinámicas, y no es un simple depósito. Es decir, que nuestro cerebro aprende “haciendo” y no “llenando”.
La neurociencia muestra que el aprendizaje significativo implica reorganizar conexiones neuronales, algo que ocurre solo cuando el alumno participa activamente: resolviendo problemas, debatiendo, construyendo proyectos o aplicando conocimientos.
El fuego interior

No es solo que nuestro cerebro aprenda mejor cuando activamos procesos que implican esta reorganización neuronal, sino que además sabemos que cuando implicamos las emociones, aprendemos mejor.
Las emociones y la motivación modulan la amígdala y el hipocampo, que son estructuras clave para la memoria. O lo que es lo mismo: el cerebro recuerda mejor lo que le resulta significativo, emocionante o relevante para sus metas.
Así que, si solo escuchamos, como decía Plutarco, nos estamos perdiendo la auténtica oportunidad de aprender. Para que se produzca la magia del conocimiento, necesitamos curiosidad, deseo de comprender y un sentido personal.
ENCIENDE LA LLAMA

Teniendo en cuenta todo esto que la neurociencia puede aportar a la causa de Plutarco, podemos empezar a cambiar nuestra forma de aprender.
Porque no se trata solo de cambiar el modelo educativo, sino de adquirir esta actitud de “madera que prende” en la vida, lo que nos permitirá potenciar nuestra capacidad de aprender en cualquier circunstancia.
Para conseguirlo, la neurociencia ha demostrado algunas técnicas especialmente eficaces:
Aprendizaje activo. En cualquier situación de aprendizaje, no te limites a escuchar o leer, convierte el aprendizaje en un proceso activo. Puedes hacerlo resolviendo ejercicios, tomando notas, apuntando preguntas que te surjan o debatiendo con personas que sepan sobre el tema.
Repasa lo aprendido. Tras una charla, un curso o una sesión de estudio, date un tiempo para descansar. Luego, repasa lo aprendido explicándolo en voz alta, como si se lo explicaras a un niño de seis años. Es la técnica Feynman, y es de las más eficaces para aprender.
Espacios cortos. Sabemos que la mente funciona mejor si nos concentramos durante un tiempo determinado intercalado con descansos cortos. Así que, si vas a estudiar, ver un documental o escuchar una charla en diferido, asegúrate de darle descansos a tu cerebro para poder seguir manteniendo la máxima atención posible.
