Una nueva encuesta de Cheaf, realizada a 4.504 personas en México, Chile, Colombia y Argentina, revela que el 91% considera el desperdicio de alimentos un problema al menos relevante. Sin embargo, solo el 12% afirma no botar comida nunca, mientras que un 39% reconoce desperdiciar alimentos al menos una vez por semana.
Además, el 54% asegura que el aumento en los precios de los alimentos ha cambiado sus hábitos de compra durante este año.

Bogotá, 26 de agosto de 2026. News Press Service. A un año de su primera medición, Cheaf presentó los resultados de la segunda Encuesta Regional sobre Percepción del Desperdicio de Alimentos, una investigación realizada a 4.504 personas en México, Chile, Colombia y Argentina para conocer cómo perciben este problema, cuáles son sus hábitos de compra y consumo, y qué soluciones esperan de las empresas y las autoridades.

Uno de los principales hallazgos es que la conciencia sobre el desperdicio de alimentos ya está instalada en la región: el 91% de los encuestados lo considera un problema al menos relevante y un 19% lo califica como «crítico». Sin embargo, esa preocupación no necesariamente se traduce en cambios de comportamiento. Solo un 12% afirma no botar comida nunca, mientras que un 39% reconoce desperdiciar alimentos al menos una vez por semana.
La investigación también evidencia una brecha entre conciencia y acción. Entre quienes consideran que el desperdicio de alimentos es un problema «crítico» o «muy relevante», un 40% reconoce desperdiciar comida semanalmente, una cifra muy similar al 38% registrado entre quienes le asignan una menor importancia. Además, las campañas de concientización aparecen entre las medidas menos priorizadas por las personas: solo un 9,5% las menciona.

«El principal desafío ya no es generar conciencia. Hoy las personas saben que desperdiciar alimentos tiene consecuencias ambientales, sociales y económicas, pero necesitamos que la opción de no desperdiciar también sea la más fácil. Ahí es donde las soluciones concretas pueden marcar la diferencia», afirma Kim Durand, fundador y CEO de Cheaf.
El bolsillo entra con fuerza en la conversación sobre desperdicio
El contexto económico también está modificando la forma en que las personas compran y aprovechan los alimentos. El 54% de los encuestados afirma que el aumento de los precios fue el principal factor que influyó este año en sus decisiones de compra, muy por encima de aspectos como las promociones, el clima o la falta de tiempo. En Chile esta cifra alcanza el 62% y en México el 59%.
Este escenario abre una nueva dimensión para las estrategias de reducción del desperdicio: ya no se trata únicamente de una preocupación ambiental o ética, sino también de una oportunidad económica para hogares y comercios.
«En un contexto en que los alimentos representan una parte cada vez más importante del presupuesto de las familias, desperdiciar comida también significa desperdiciar dinero. Rescatar alimentos, acceder a productos con descuento o encontrar alternativas para aprovechar excedentes puede generar un círculo virtuoso: las personas ahorran, los comercios recuperan valor y, al mismo tiempo, evitamos que alimentos que todavía pueden consumirse terminen en la basura», señala Durand.
Algunas prácticas de compra también están asociadas al desperdicio. El 43% de quienes reconocen que promociones como el «2×1» los llevan a comprar más de lo necesario también admite desperdiciar alimentos semanalmente, frente al 36% entre quienes no identifican estas ofertas como un factor de sobrecompra.
Asimismo, frente a un producto próximo a su fecha de vencimiento o consumo preferente, un 37% afirma que lo compraría únicamente si tiene descuento, mientras que solo un 9% declara adquirirlo con la intención de conservarlo. Estos resultados muestran que existe una disposición importante a aprovechar alimentos próximos a su fecha cuando cuentan con descuentos.
«El desafío para el retail es convertir esa disposición en una estrategia permanente que permita rescatar alimentos antes de que se conviertan en desperdicio. No se trata solamente de vender un producto más barato, sino de evitar que un alimento apto para el consumo termine en la basura», agrega el CEO de Cheaf.
Supermercados, en el centro de las expectativas
La encuesta también consultó a las personas sobre quiénes tienen mayor responsabilidad en la reducción del desperdicio. El 74% señaló a los supermercados y grandes cadenas, por encima de los propios hogares (37%), los gobiernos (33%) y los restaurantes y comercios (32%). En Chile, esta percepción alcanza el 78%, la cifra más alta de los cuatro países.
En paralelo, las personas se inclinan con claridad por soluciones basadas en incentivos antes que en sanciones. El 52% considera que se deberían establecer incentivos para donar o rescatar alimentos y un 28% prioriza facilitar la donación a bancos de alimentos. En contraste, solo un 10% opta por multar a las grandes empresas.
«Existe una expectativa muy clara hacia las empresas, especialmente hacia el retail, pero también una señal sobre cómo la sociedad quiere abordar este desafío: con incentivos y herramientas que faciliten la acción, más que únicamente con sanciones. El reto es avanzar desde la conversación sobre el problema hacia soluciones que permitan rescatar y redistribuir alimentos a una escala mucho mayor», concluye Durand.
