
News Press Service
Por Elías Prieto Rojas
En medio de la noche y al no poder conciliar el sueño nos dimos a la tarea de aguzar ojos y oídos buscando percibir sonidos, luces, o señales que nos sirvan para orientar la razón y nuestras emociones procurando así solazarnos en la introspección y la meditación, -algo así como disfrutar del mar de la tranquilidad y del agradecimiento empleando, ejemplo, la oración-; en resumen: precisar y comprender la paz que nos invade antes del dormir profundo, o ¿qué significa perder la conciencia?; de alguna manera se procura encontrar esa otra dimensión, la cual no conocemos, pero que desde luego nos afecta al permitirnos «levantar la vista hacia el vasto universo», para admirar las estrellas y así sentirnos bien; podemos llamarlas fantasías, u onirismo, o «el asedio de los fantasmas»…

Porque todos en algún momento hemos sentido la presencia de energías que deambulan con sus excentricidades y que vagan en el espacio y que también anidan en nuestro cerebro porque el subconsciente nos habla; e intentar penetrar esa naturaleza puede ser desconcertante e incomprensible, y mejor, porque el sentido común así lo demanda, óptimo evadirnos, escuchar, de entrometidos, los gritos que se escuchan en el otro cuarto de mi casa; alguien ve una película… Me dormí. Son las seis de la mañana de un nuevo día… soñé con el concurso que ganó cierto internauta. Y celebro la fórmula con la cual triunfó. Se debía redactar una oración con tres palabras. La mejor frase recibiría un premio, y esas palabras, coincidencia, son las mismas que disfruto a diario cuando decido dormir: paz, alegría y tranquilidad. Sólo que el amigo en cuestión fue el campeón con la siguiente oración: Mi señora está durmiendo… (a propósito: en algo debemos parecernos en pensamiento y como pareja).
