
Foto: Samantha Fien-Helfman, Banco Mundial
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Banco Mundial
En todo el mundo, las parteras indígenas, las facilitadoras comunitarias y las cuidadoras han desempeñado durante mucho tiempo un papel fundamental en la protección de la salud y el bienestar de las madres, los recién nacidos y las comunidades.
Acompañan a las mujeres durante el embarazo y el parto, apoyan a las familias en las primeras etapas de la vida, facilitan el acceso a la atención en situaciones de alto riesgo y preservan conocimientos transmitidos de generación en generación.
Como cuidadoras y lideresas comunitarias de confianza, conectan a las familias con los servicios de salud y contribuyen a que estos servicios estén arraigados en los conocimientos, las prácticas culturales y las relaciones en las que confían las comunidades.
Sin embargo, a pesar de su papel esencial, las parteras indígenas y las cuidadoras rara vez reciben el reconocimiento que merecen dentro de los sistemas nacionales de salud. Gran parte de su labor se realiza fuera de los sistemas formales, y los conocimientos que poseen no siempre se ven reflejados en las políticas, los programas y los sistemas diseñados para mejorar la salud materna, infantil y comunitaria.

Foto: Gerson Elizondo/Banco Mundial
Este año, el Día Internacional de los Pueblos Indígenas, bajo el lema “Parteras indígenas: salvaguardar la vida y el bienestar”, ofrece una oportunidad para reconocer sus contribuciones y destacar formas de apoyarlas.
La historia de las parteras indígenas también es una historia sobre trabajo: un trabajo especializado, esencial y en gran medida no remunerado que durante generaciones ha sostenido a algunas de las comunidades más remotas.
El reconocimiento es un primer paso fundamental. En Guatemala, donde los Pueblos Indígenas representan cerca de la mitad de la población, el Gobierno dio un paso histórico en 2015 con la adopción de la Política Nacional de Comadronas, que reconoce formalmente su labor y busca fortalecer la prestación de servicios de salud materna con pertinencia cultural.
Las comadronas atienden aproximadamente un tercio de los nacimientos en Guatemala y ejercen de sanadoras comunitarias y un papel de líderes en el cuidado de mujeres y niños.
Con el apoyo del Préstamo para Políticas de Desarrollo de Respuesta y Recuperación ante Crisis del Banco Mundial, la Política Nacional cobró impulso mediante la adopción de un plan de acción para su implementación y la creación de un registro nacional de comadronas.
En la actualidad, cerca de 19.500 parteras indígenas están registradas y cuentan con identificación institucional oficial, lo que contribuye a fortalecer los vínculos entre el sistema nacional de salud y las cuidadoras indígenas y comunitarias.

Foto: Banco Mundial
La implementación de la política, actualmente en curso, ha contribuido a mejorar el diálogo intercultural entre las comadronas y los prestadores nacionales de servicios de salud, fortalecer la atención con pertinencia cultural y en lenguas indígenas, brindar un mayor apoyo a las comadronas registradas mediante insumos e incentivos económicos anuales, y elevar el reconocimiento público de su labor, incluso a través del establecimiento del Día Nacional de la Comadrona Guatemalteca.
“La política nacional ha permitido visibilizar y fortalecer el rol de la abuela comadrona como un aporte fundamental a los servicios de salud, generando condiciones técnicas y administrativas que reconocen y respetan sus conocimientos tradicionales y prácticas culturales”, señaló Marcela Pérez, coordinadora de la Unidad de Pueblos Indígenas e Interculturalidad del Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social de Guatemala.
Más allá del reconocimiento, también es fundamental fortalecer las capacidades y crear las condiciones necesarias para que las comadronas puedan desempeñar su labor.
Invertir en el desarrollo de habilidades, mejorar el acceso a equipos e insumos y tender puentes entre los sistemas de salud indígenas y el sistema nacional de salud puede contribuir a ampliar el alcance y mejorar la calidad de la atención materna y neonatal. Incluso inversiones relativamente pequeñas pueden generar resultados importantes.
Por ejemplo, una donación de USD 15.000 del Fondo de Innovación para la Juventud del Banco Mundial permitió capacitar a comadronas de la región del lago de Atitlán, en Guatemala, para identificar embarazos de alto riesgo y referir a las mujeres a centros hospitalarios, además de proporcionarles insumos sanitarios. Dado que la capacitación se impartió en su lengua indígena y ayudó a generar confianza entre las comadronas y el sistema formal de salud, los resultados fueron significativos.
Después de un año de capacitación, las muertes maternas en la región del lago de Atitlán disminuyeron de 18 a tres. A mayor escala, el proyecto financiado por el Banco Mundial Crecer Sano apoyó la capacitación de 4.500 comadronas para certificarlas como “amigas de la lactancia materna”.
Este esfuerzo es especialmente importante por la cercanía y la relación de confianza que mantienen las comadronas con las madres durante las primeras etapas de la lactancia, y ha contribuido a mejorar las prácticas de lactancia materna entre las nuevas madres de las comunidades.
El proyecto también ha incorporado los aportes de las comadronas en el diseño de establecimientos de salud y ha realizado intercambios mensuales de conocimientos entre comadronas y personal de salud.
Además, ha establecido espacios dedicados para que las comadronas cultiven plantas medicinales tradicionales e intercambien conocimientos.
Panamá, Laos e India también han adoptado enfoques similares
En Panamá, el proyecto financiado por el Banco Mundial Apoyo al Plan Nacional de Desarrollo Integral de los Pueblos Indígenas ha trabajado con parteras tradicionales en todos los territorios indígenas, lo que llevó a la elaboración del primer Manual Nacional de Capacitación de Parteras del país y a la capacitación de más de 196 parteras tradicionales.
En Laos, el Gobierno, con apoyo del Banco Mundial, Australia, Gavi y el Fondo Mundial, puso en marcha la Iniciativa para el Empoderamiento de Mujeres de Grupos Étnicos en Zonas Remotas de la República Democrática Popular Lao, mediante la cual se capacitó a 3.250 mujeres de minorías étnicas como facilitadoras comunitarias y se las dotó de habilidades que salvan vidas en nutrición y salud materno-infantil.
En India, tres proyectos estatales de sistemas de salud apoyados por el Banco Mundial han adoptado estrategias innovadoras para mejorar el acceso a la atención en zonas tribales remotas.
En Karnataka, India, los programas de formación de enfermeras parteras auxiliares reservaron, por primera vez, cupos específicos para mujeres tribales, ayudando a formar una nueva generación de trabajadoras de salud capaces de servir a sus propias comunidades de manera culturalmente adecuada.
Los países pueden adoptar distintos enfoques, pero la experiencia deja una enseñanza común: los sistemas de salud son más sólidos cuando reconocen los conocimientos indígenas, promueven la colaboración entre los sistemas tradicionales y formales, y brindan a las mujeres que trabajan directamente con las comunidades las herramientas y el apoyo necesarios para responder a sus realidades y necesidades. Al apoyar a las parteras indígenas y a las cuidadoras, los países pueden fortalecer sus sistemas de salud y, al mismo tiempo, ampliar las oportunidades para las mujeres indígenas, cuyo trabajo ha permanecido invisible y ha sido poco valorado con demasiada frecuencia.
En este Día Internacional de los Pueblos Indígenas, honrar a las parteras indígenas y a las cuidadoras significa reconocer mucho más que una tradición.
Significa valorar una profesión que ha protegido la vida durante generaciones y reconocer el liderazgo, los conocimientos y el servicio que estas mujeres brindan cada día a sus comunidades.
