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IPS
NACIONES UNIDAS – Mientras la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conmemora su 81 aniversario, sigue sin resolverse una pregunta crucial: ¿cuál es el futuro de este organismo mundial? Y a ella se suma otra: ¿Reducirá un Estados Unidos hostil su presencia en las Naciones Unidas, recortará su financiación, seguirá sin hacer frente a sus pagos y, tal vez, acabe retirándose de este organismo mundial?
Hasta ahora, Estados Unidos se ha retirado de tres agencias de la ONU y de un organismo afiliado a la organización, entre ellos, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (Unrwa) y del Consejo de Derechos Humanos.
¿Está la ONU muy lejos de seguir sus pasos?
Las noticias sobre la denegación por parte de Estados Unidos de visados a una delegación palestina para asistir a las sesiones de la Asamblea General del próximo septiembre suscitaron varias preguntas en una rueda de prensa durante la tercera semana de agosto: «¿No creen que sería una buena idea trasladar la sede de la ONU a otro lugar del mundo? ¿Puede el secretario general iniciar ese proceso? Si existiera, ¿cómo funcionaría? ¿Y tomará Estados Unidos como rehén a las Naciones Unidas?».
En su respuesta, el portavoz de la ONU, Stéphane Dujarric, declaró a los periodistas: «Este es un asunto que compete a los Estados miembros. Si no me equivoco, la sede de la ONU figura en la Carta. Esta ciudad y las Naciones Unidas han compartido una historia común durante los últimos 81 años, y creo que, en general, ha sido una buena historia».
Surgió entonces una nueva pregunta: «Estados Unidos afirma que denegará los visados a la delegación palestina para que acuda a la Asamblea General. ¿Está al corriente de esto? ¿Y está haciendo algo la ONU al respecto?».

Dujarric respondió: «Sí, hemos visto esas noticias. Para nosotros es muy importante que Estados Unidos cumpla con sus responsabilidades en virtud del acuerdo del tratado de sede. Seguiremos presionando para que así sea. Pero, por el momento, solo hemos visto las noticias de prensa».
Según un informe, desde que Donald Trump volvió a la Casa Blanca, en enero de 2025, Estados Unidos se ha retirado de 31 entidades y órganos relacionados con la ONU en virtud de un memorándum presidencial firmado el 7 de enero de 2026, lo que se suma a retiradas anteriores de organismos importantes como la OMS o la Unesco.
La directiva de enero de 2026 sobre las retiradas afecta en gran medida a iniciativas relacionadas con el clima, el desarrollo y la política social. Entre las salidas más destacadas se encuentran la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc) y el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), ONU Mujeres, el Fondo de Población de Naciones Unidas (Unfpa) y ONU Comercio y Desarrollo (Unctad).
También se estableció el abandono de diversas comisiones regionales y de instituciones como ONU Hábitat.
Stephen Zunes, catedrático de Política y director del programa de Estudios sobre Medio Oriente de la estadounidense Universidad de San Francisco, quien ha escrito extensamente sobre la política de las Naciones Unidas, declaró a IPS que la composición del Consejo de Seguridad, con la sede de las Naciones Unidas ubicada en Estados Unidos, es una reliquia obsoleta de la Segunda Guerra Mundial.
Señaló que, durante la mayor parte de la historia de la ONU, Estados Unidos ha vetado muchas más resoluciones del Consejo de Seguridad —que, de otro modo, habrían sido unánimes— que cualquier otro país. Además, Washington ha incumplido repetidamente sus obligaciones financieras.
El poder de veto lo tienen los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad: China, Francia, Reino Unido y Rusia, además de Estados Unidos.
Tanto bajo gobiernos republicanos como demócratas, afirmó Zunes, Estados Unidos ha atacado repetidamente a las instituciones de la ONU, incluidos sus órganos judiciales, organizaciones humanitarias y comisiones de investigación, especialmente en lo que respecta a la aplicación del derecho internacional humanitario.
A su juicio, «las guerras de Estados Unidos contra Iraq e Irán y el reconocimiento por parte de Estados Unidos de las anexiones israelíes y marroquíes de territorios ocupados por la fuerza militar han puesto de manifiesto un descarado desprecio por los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas».
«Y la negativa a permitir la presencia de una delegación de un Estado miembro con estatus de observador permanente (Palestina) constituye una violación directa del acuerdo entre Estados Unidos y la ONU que establece Nueva York como sede de la organización mundial», consideró.
A pesar de ello, existen sin duda importantes razones logísticas, financieras e institucionales por las que no tendría sentido que las Naciones Unidas trasladaran su sede fuera de Nueva York.
«El mero hecho de que se esté debatiendo, sin embargo, es indicativo de que Estados Unidos se está convirtiendo cada vez más en un paria internacional y en una elección irónica como país anfitrión», dijo Zunes.
James E. Jennings, presidente de Conscience International, aseguró a IPS que es probable que Estados Unidos continúe retirando la financiación a la ONU, un proceso que ya ha comenzado con el recorte de fondos a determinados organismos con el objetivo de someterla aún más al control de Washington.
De no ser así, señaló, Trump podría intentar crear un organismo alternativo dominado por Estados Unidos, obligando a las naciones a elegir aliados y dejando de lado a la ONU. «En las condiciones actuales, cualquier ruptura del orden basado en normas de la ONU sería un desencadenante seguro de un conflicto mundial», consideró Jennings.
IPS le preguntó: «¿Puede Estados Unidos reestructurar la ONU para que se pliegue a su voluntad?»
Jennings respondió: «Es más probable que el gobierno de Estados Unidos continúe con sus esfuerzos por reestructurar la ONU y sus programas que intente trasladar la sede de la ONU desde Nueva York. El Consejo de Seguridad resulta útil para Washington porque puede servir de chivo expiatorio para las quejas globales, como ocurrió notablemente durante la Guerra Fría al oponerse a la larga serie de ‘nyet’ del Bloque del Este, pero también, más recientemente, al no intervenir cuando Washington quería entrar en guerra en Medio Oriente».
Y añadió: «Muchos observadores creen que el presidente Trump actúa de forma beligerante simplemente para ejercer influencia sobre la ONU, pero eso sería un lamentable error de juicio sobre el hombre y sus métodos. De hecho, busca dominar por completo el organismo mundial, no solo introducir cambios».
A juicio de Jennings, «cualquiera que haya prestado atención a su alarde a principios de este año de que debería ser reconocido como la persona más poderosa que jamás haya existido, debería tomarlo en serio».
«Su ego, como el abismo sin fondo del infierno del Libro bíblico del Apocalipsis, es un auténtico agujero negro, cuya profundidad no conoce límites», remarcó sobre Trump.
